La muerte del sapo

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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Era yo muy niño
cuando un día de otoño
murió el hombre sapo,
un batracio con cara de raposa;
no era un sapo corriente
sino un animal muy respetado
y condecorado con un sin fin de medallas
que tapaban su pecho militar.
El negro se adueñó del pantano
cenagoso donde vivía
y todos los habitantes del bosque vecino
lloraron su muerte para siempre
por obra y gracia de los años;
lo hacían los lobos y las ratas
y las hienas sentían
un insoportable dolor en los ojos.
Solo los corderos se regocijaron
en sus míseros corrales de tierra
y lo festejaron en silencio
pues estaba prohibida la alegría.
Y un mono lloró
lágrimas de sangre
mientras anunciaba
la desgracia acaecida:
Amigos, nuestro amado sapo ha muerto,
¿quién guiará ahora nuestro destino?
Lo enterraron al lado
de otro gran sapo
de parecidas costumbres
mientras pisó la tierra.
Allí descansa quizás soñando
con muertos y torturas.

Eladio Parreño Elías

18-Julio-1989


 
Je je, ¿noviembre del 75?
Abrazos, amigo Eladio, hacía tiempo que no te visitaba, pero a los amigos se les debe estrechar de vez en cuando.
Yo también andaba por ahí, jeje. Sí, creo que lo enterraron junto a otro parecido.
Y tienes toda la razón. La cara de sapo al dar la noticia... es cierta, es completa, maxilares caídos. Voz pastosa. Deje abúlico.
Bueno, ya casi ni recordaba estos episodios de la historia, me he ido culpablemente a Internet, ahora ya sí. Más bien por el segundo batracio. jeje
 
y se fue ese sapo pero llegaron otros un poco menos negro y los corderos creyeron que al fin eran libres pero no los sapos siguen gobernando el mundo ...es un cuento de nunca acabar...
me encantó como lo contaste gracias:::hug:::
 
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Era yo muy niño
cuando un día de otoño
murió el hombre sapo,
un batracio con cara de raposa;
no era un sapo corriente
sino un animal muy respetado
y condecorado con un sin fin de medallas
que tapaban su pecho militar.
El negro se adueñó del pantano
cenagoso donde vivía
y todos los habitantes del bosque vecino
lloraron su muerte para siempre
por obra y gracia de los años;
lo hacían los lobos y las ratas
y las hienas sentían
un insoportable dolor en los ojos.
Solo los corderos se regocijaron
en sus míseros corrales de tierra
y lo festejaron en silencio
pues estaba prohibida la alegría.
Y un mono lloró
lágrimas de sangre
mientras anunciaba
la desgracia acaecida:
Amigos, nuestro amado sapo ha muerto,
¿quién guiará ahora nuestro destino?
Lo enterraron al lado
de otro gran sapo
de parecidas costumbres
mientras pisó la tierra.
Allí descansa quizás soñando
con muertos y torturas.

Eladio Parreño Elías

18-Julio-1989



vaya los sapos han dado mala fama digo, hahahaha primero Pablo y ahora tú, bueno ya se me hacia familiar la foto es muy ideal, elegante y mona, hahahaha quisiera decir más pero me como el poema hahaha grato leerte dulci, besos
 
Qué genialidad . Un sapo que lloran los monos y lloran las hienas aunque a éstas los ojos las delatan , y los corderos festejan en silencio . Una granja muy bien escogida . Sapo , sapo que aun muerto sigue soñando , sin paz en la muerte eterna.
 
mi estimado amigo, me agrada tu creatividad
esos sapos son una plaga muy dificil de erradicar, unos mueren y aparecen otros
y ni que hablar de las asquerosas ratas son contagiosas...pero que vamos hacer
la socieadad esta plagada.
como siempre es un placer leerte.
 
Ummm... a mí me recordó algo también de cuando era niña.. y no sé qué... jajaj. Muy interesante poema, querido Eladio. Esperemos que no vuelvan a condecorar sapos y éstos se queden tranquilos en la charca que les corresponda. Mis aplausos y estrellas a tu inspiración. Abrazos.
 
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Era yo muy niño
cuando un día de otoño
murió el hombre sapo,
un batracio con cara de raposa;
no era un sapo corriente
sino un animal muy respetado
y condecorado con un sin fin de medallas
que tapaban su pecho militar.
El negro se adueñó del pantano
cenagoso donde vivía
y todos los habitantes del bosque vecino
lloraron su muerte para siempre
por obra y gracia de los años;
lo hacían los lobos y las ratas
y las hienas sentían
un insoportable dolor en los ojos.
Solo los corderos se regocijaron
en sus míseros corrales de tierra
y lo festejaron en silencio
pues estaba prohibida la alegría.
Y un mono lloró
lágrimas de sangre
mientras anunciaba
la desgracia acaecida:
Amigos, nuestro amado sapo ha muerto,
¿quién guiará ahora nuestro destino?
Lo enterraron al lado
de otro gran sapo
de parecidas costumbres
mientras pisó la tierra.
Allí descansa quizás soñando
con muertos y torturas.

Eladio Parreño Elías

18-Julio-1989



Toda una genialidad como has manejado el tema que quieres transmitir, lástima que hay renacuajos con el mismo veneno de intenciones, ya mutando con pulpos asi agarran todo de una vez... este zoo, uno no sabe con lo que se va a encontrar. Un abrazo querido Eladio, un placer visitarte.
 
Un poema muy bien "plantaó" mi querido Eladio, a veces el sapo que no
se comporta tiene su buen merecido como el de tu poema, a cada.... sapo
le llega su San benito. Te felicito por tu buena inspiración del momento,
que en pensamiento seguro que sigue jejeje. Me ha gustado mucho.
Un abrazo y un beso de tu querida amiga Tere. TB
Gracias Tere un beso amiga querida.
 
Je je, ¿noviembre del 75?
Abrazos, amigo Eladio, hacía tiempo que no te visitaba, pero a los amigos se les debe estrechar de vez en cuando.
Yo también andaba por ahí, jeje. Sí, creo que lo enterraron junto a otro parecido.
Y tienes toda la razón. La cara de sapo al dar la noticia... es cierta, es completa, maxilares caídos. Voz pastosa. Deje abúlico.
Bueno, ya casi ni recordaba estos episodios de la historia, me he ido culpablemente a Internet, ahora ya sí. Más bien por el segundo batracio. jeje
Gracias por pasar PABLO,
un abrazo y un cálido saludo.
Tienes razón, es él jejejj
 
Eith si q es muy interesante esto q leo,
sigue la intensidad de tu verso, pero con un
sentido completamente diferente a lo q siempre
he leído , bien , bien, gracias besos.
 
Hay amigo, creo que ofendes al pobre animal.Le quedaba mejor, zorrro o cerdo jaajaja. Este planeta está gobernado por esos animalitos.Con el respeto de algunos pocos que han quedado con dignidad. Placer leerte querido amigo. Besos.....
 
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Era yo muy niño
cuando un día de otoño
murió el hombre sapo,
un batracio con cara de raposa;
no era un sapo corriente
sino un animal muy respetado
y condecorado con un sin fin de medallas
que tapaban su pecho militar.
El negro se adueñó del pantano
cenagoso donde vivía
y todos los habitantes del bosque vecino
lloraron su muerte para siempre
por obra y gracia de los años;
lo hacían los lobos y las ratas
y las hienas sentían
un insoportable dolor en los ojos.
Solo los corderos se regocijaron
en sus míseros corrales de tierra
y lo festejaron en silencio
pues estaba prohibida la alegría.
Y un mono lloró
lágrimas de sangre
mientras anunciaba
la desgracia acaecida:
Amigos, nuestro amado sapo ha muerto,
¿quién guiará ahora nuestro destino?
Lo enterraron al lado
de otro gran sapo
de parecidas costumbres
mientras pisó la tierra.
Allí descansa quizás soñando
con muertos y torturas.

Eladio Parreño Elías

18-Julio-1989




Muy bueno Eladio este poema a aquel batracio que murió de vejez, que terrible todas las muertes que provocó y fusiló para acabar muriéndose felizmente en un su cama como el más inocente de los mortales. La transición pasó un tupido velo por el dictador, no fuera a ser que se montara otra vez.
Un abrazo Poeta y Buen Día
 
descriptivo y elocuente
a veces es mejor poner los pies sobre la tierra
que morir fuera de la realidad,
abrazos a la distancia
Denn
 
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Era yo muy niño
cuando un día de otoño
murió el hombre sapo,
un batracio con cara de raposa;
no era un sapo corriente
sino un animal muy respetado
y condecorado con un sin fin de medallas
que tapaban su pecho militar.
El negro se adueñó del pantano
cenagoso donde vivía
y todos los habitantes del bosque vecino
lloraron su muerte para siempre
por obra y gracia de los años;
lo hacían los lobos y las ratas
y las hienas sentían
un insoportable dolor en los ojos.
Solo los corderos se regocijaron
en sus míseros corrales de tierra
y lo festejaron en silencio
pues estaba prohibida la alegría.
Y un mono lloró
lágrimas de sangre
mientras anunciaba
la desgracia acaecida:
Amigos, nuestro amado sapo ha muerto,
¿quién guiará ahora nuestro destino?
Lo enterraron al lado
de otro gran sapo
de parecidas costumbres
mientras pisó la tierra.
Allí descansa quizás soñando
con muertos y torturas.

Eladio Parreño Elías

18-Julio-1989




Una vez más se deja ver tu talento e ingenio en este poema, donde las realidades siempre marcan hitos.

Me ha encantado, como lo has planteado.

Mis más sinceras felicitaciones, mi querido amigo.
 
Quizás su poema podría reconocerse algo así como "La parábola de la historia universal del hombre-sapo moderno". Intuyo que detrás de sus metáforas aguarda latente una ferozmente apasionada discusión política: todo depende del nombre con el que se reconocía aquel hombre-sapo.
Muy interesantes versos Dulcinista.
Un saludo.
 

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