pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo sería condescendiente; sí, perdonaría, condonaría el sufrimiento; repartiría, con quien no lo conoce, las mieles del dolor. Tan enriquecedor, tan sugestivo como el cuchillo en el ombligo. Como la intempestiva y devastadora manotada del gélido atardecer invernal contra la capota de una sombrilla de sol abandonada en febrero. Hoy mismo.
¡Qué fácil es!, ¿cuál es la fuerza de la marea y del reflujo que los arrastra mar adentro cuando son los astros de la riqueza quienes aplican, por su volumen y atracción, la Ley de Newton sobre su continente y, por ende, la gravedad sobre ellos?
¡Cuán difícil es arrastrarse donde la suciedad y la inmundicia del aislado se oponen a nuestro respirar, tergiversando nuestro mensaje y el hilo conductor de nuestras palabras! Se suprimen los puntos y se añaden comas a nuestras promesas para permitir subterfugios, acotamientos y condiciones a nuestra permanencia en tal misérrimo lugar.
¡Cuán ruin suenan los términos "ayuda" y "conmiseración" cuando es el eco del estertor del moribundo el que retiembla contra la simple paz y espera de las arrinconadas telarañas, de la sordidez de las ratas que esperan el fatal desenlace, el deceso de quien no alcanza a comer!
Ser mudo es cuestión baladí en ese peldaño del mundo. Porque las palabras escritas y habladas ya han dejado de ser leídas y escuchadas. Sólo son repatriadas al mismo rincón. Repudiadas. Después de garabatear algún anuncio de una multinacional o de bailar un vals vienés con la primera ministra de turno en el encabezamiento de un "Zeitung" o de un "magazine" en blanco y negro. Incluso aparenta que la tinta de color no mereciera tales palabras, provenientes de un planeta dentro del nuestro y tan alejado como el mismo sol. ¡Ni que la tinta oscura y las escalas de grises nos hicieran afines a la causa!
Tal vez no recordamos que con la hambruna y la sed las lipotimias son continuas, los ojos pierden riego sanguíneo y el oído agudeza y timbre, los movimientos son torpes, cuando existen, y las cuerdas vocales sólo entonan palabras simples, arrastradas y, afortunadamente en nuestro lenguaje, suficientemente cortas para ser habladas, como "pan", "sed", "ayuda" o "agua". "Por favor", demasiado larga sin embargo, para no producir así en el oyente primermundista una dolorosa y culpable sensación de deuda.
Y muchos de ellos, seres humanos, seguirán observando en blanco y negro su alrededor, como un antiguo negativo fotográfico que nadie se atreve a revelar. Sin necesidad de más tinta negra. El titular y su enorme fotografía de portada, nuevamente bajo el tiznado color de la lipotimia, parecen sugerir que también nosotros estamos allí. Esperando.
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