Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Esta ciudad es diferente, un paseo de los sueños por los caminos de la realidad. Cuando tú llegas se abren las puertas de mundos ajenos a la razón y a lo concreto y todas las posibilidades fluyen. Las luces y las sombras configuran escenas expresionistas y el surrealismo emana de cada alcantarilla y brota de cada árbol como la esencia más cierta de la eternidad. Dentro no hay más mundo, pero engloba un infinito constante y abstracto de nostalgia, y la serenidad y la euforia se dan la mano, mientras la inquebrantable melancolía es retratada por la ilusión y la utopía, capaces de imaginar el cambio y crear con ello la Ciudad de todas partes. Este lugar es un puente de luz, intersección entre dos almas, un lugar donde nunca se está completamente despierto ni profundamente dormido. La última ilusión de un amante, el primer pigmento de una sonrisa. La arquitectura esculpida por medio de una mirada.
Para entenderla hay que pasear por ella sin intentar comprender porqués ni atisbar razonamientos, porque la ciudad es un teatro de dos subconscientes decorado con la esencia de la poesía, de la música y del amor. Únicamente tú entiendes sus inviernos y sus nubes, los árboles desnudos, el frío, el hielo de los charcos, la noche, las calles desiertas y el vacío inexcusable. Sólo tú entiendes no dormir sin estar despierto. No soñar sin llanto. Desnudar lo más dulce del recuerdo en la desoladora melodía de un piano. Sólo tú podrías sumergirte en metáforas que te ayudasen a perder el control racional para poder encontrar la puerta de entrada.
Busca alguna de esas escaleras que bajan hacia un sentido del tiempo diferente, en absoluto real, que transcurre por sí mismo uniformemente y no en función de ninguna cosa exterior. Allí hay árboles que estarán desnudos y tristes. El río casi se saldrá si no se sale ya hacia tus pies, e igual te moja los zapatos. En ese caso ni se te ocurra quitártelos. Tal vez el tacto del agua te haga pensar en que hubo un día en el que estas calles se convirtieron en una gran oportunidad. Aquel día había puertas a otros mundos en cada parque, y no hacían falta llaves, porque estaban abiertas. Aquel día otro mundo empezaba al girar la esquina, los encuentros eran saltos a vacíos llenos un aire de colores. Los trenes nos llevaban de un lado a otro y la ciudad se vestía con tus sonrisas. Sonreías porque olía a invierno y porque nuestros corazones aún no estaban asfaltados.
"Hoy quiero dejarte la palabra equilibrada que acerque tu mundo con el mío... sin tocarte. Tengo además un beso en el bolsillo para darte junto con un copo de nieve blanca para tu caja de recuerdos."
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