​ABR.2.- La música del verso
Es la música del verso que acaricia mis sentidos
con su magia de inflexiones, con sus cálidos sonidos.
Sinfonía de palabras de semántica rotunda.
Partitura enamorada del amor que me sorprende
con imágenes hermosas concebidas por un duende
de inspirada melodía, tan sutil y tan profunda.
El poema se alitera con su lírica tonada.
Su belleza desmedida de turquesa engalanada
me transporta al firmamento de una aurora boreal.
¿Qué riqueza es comparable si la musa te ilumina
engarzando de esmeraldas y preciosa turmalina
ese verso que es fragancia de princesa angelical?
Y las eses susurrando se sublevan sonorosas.
Insinúan sus encantos sibilantes y melosas
con suspiros. Son siluetas al silencio sometidas
que sisean como sierpes. Son sublimes sus semblantes
sosegados. Son aromas con esencias penetrantes:
¡Primorosas sensaciones!. Son senderos sin salidas.
Es la música del verso como un mar embravecido,
como el sol en el ocaso de su fuego adormecido,
como lágrima que brilla sobre rostro de doncella.
Son las notas de un poema como flores de un jardín
-tulipanes y azucenas, y claveles, y jazmín-
que compiten con el cielo por la plata de una estrella.
El poeta llora sangre cuando ve con impotencia
que la música se apaga con fatal indiferencia,
y sumido en el lamento se consume de dolor.
En sus ojos los reflejos del fracaso y de la pena
oscurecen su mirada. Desde el puerto la sirena
de un carguero que se marcha me despierta del error.
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Churrete