El resto de agua
medio limón
azúcar
una tasa de café
para que el esófago no malinterprete
ese alcohol de 90 grados.
Un sillón
el balcón
las voces de siempre 17 escalones más abajo
mis branquias para respirar entre los grises
y así no dejar que la vida supiese
que volvía a ser domingo.
Sus labios de ambos polos
vasodilatación y testosterona
la dialéctica al colchón
por la simple blasfemia de sentir
mas allá del hipotálamo y del hemisferio izquierdo.
Su risa
mi soledad con paracaídas
sus pezones tan breves como una promesa
mi miedo poniendo cara de James Bond
el crucigrama de su espalda
pidiendo ser resuelto con la lengua
mis dientes y mi humanidad sin pulgares
fundiéndonos en un eclipse de pieles
donde siempre terminaban sobrando
las utopías apuntaladas con Prozac
los insomnios contagiosos de Cioran
el striptease de los muros y sus banderas
y sobre todo
aquella emboscada que nos hizo Septiembre
las hambres de futuro
y esa carta en la que no cupo
otro abrazo.
medio limón
azúcar
una tasa de café
para que el esófago no malinterprete
ese alcohol de 90 grados.
Un sillón
el balcón
las voces de siempre 17 escalones más abajo
mis branquias para respirar entre los grises
y así no dejar que la vida supiese
que volvía a ser domingo.
Sus labios de ambos polos
vasodilatación y testosterona
la dialéctica al colchón
por la simple blasfemia de sentir
mas allá del hipotálamo y del hemisferio izquierdo.
Su risa
mi soledad con paracaídas
sus pezones tan breves como una promesa
mi miedo poniendo cara de James Bond
el crucigrama de su espalda
pidiendo ser resuelto con la lengua
mis dientes y mi humanidad sin pulgares
fundiéndonos en un eclipse de pieles
donde siempre terminaban sobrando
las utopías apuntaladas con Prozac
los insomnios contagiosos de Cioran
el striptease de los muros y sus banderas
y sobre todo
aquella emboscada que nos hizo Septiembre
las hambres de futuro
y esa carta en la que no cupo
otro abrazo.