lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
Ha venido a mi memoria el día que conocí a Salvador en una terraza granadina en las riberas del Genil en animada y entrañable charla.
Tu mirada
abrazando el terciopelo,
¡Azabache negro!
navegaba en las riberas
del Darro y del Genil...
escudriñaba lo profundo,
el por qué de su fluir.
Tu voz apaciguada,
intentaba horadar
la verdad escondida,
y suspirabas, suspirabas...
Todas las formas
quedaban mermadas,
reducidas a la esencia infinita.
Ayyy Salvador,
caminante de la vida,
dejaste huellas,
huellas que germinan
en el sendero de la poesía,
en tus amigos y en tus amigas.
No te olvidaremos,
descansa...
En nuestro sueño estás
para siempre jamás.
