La Magia Del Instante
La magia del instante se apodera
de un alma soñadora y diamantina,
que oculta tras sedosa muselina
se enciende rastreando una quimera.
Y suelta sus cabellos de oro puro
al viento de una noche de verano
en pos de los mandatos del arcano
que antaño se burlaba de un conjuro.
Inicia con su danza delirante
un rito de pasión y de erotismo
sin miedo de perderse en el abismo
de un tétrico desierto degradante.
Sus ojos de inocente aguamarina,
adquieren la expresión de una tigresa
que mata sin piedad y por sorpresa
luciendo su elegancia femenina.
Extática en su baile se transporta
al mundo de Satán en los infiernos,
lugar en que los males son eternos
y el fuego, siempre vivo, no conforta.
Y gira como un trompo en frenesí,
los brazos dirigidos hacia el cielo.
Violetas y azucenas en un pelo
tocado con diadema de alhelí.
Absorta se somete a la lujuria
de un rítmico sonido de timbales
que evocan, tenebrosos y ancestrales,
hipnóticos relámpagos de furia.
El cuerpo se retuerce en un espasmo
que siembra de amapola sus facciones,
y estallan las violentas convulsiones
de luces que iluminan el orgasmo.
Se apaga la tormenta de locura
y presa de una calma sosegada
se duerme con la faz transfigurada,
los sueños compartiendo la espesura.
--..--
La magia del instante se apodera
de un alma soñadora y diamantina,
que oculta tras sedosa muselina
se enciende rastreando una quimera.
Y suelta sus cabellos de oro puro
al viento de una noche de verano
en pos de los mandatos del arcano
que antaño se burlaba de un conjuro.
Inicia con su danza delirante
un rito de pasión y de erotismo
sin miedo de perderse en el abismo
de un tétrico desierto degradante.
Sus ojos de inocente aguamarina,
adquieren la expresión de una tigresa
que mata sin piedad y por sorpresa
luciendo su elegancia femenina.
Extática en su baile se transporta
al mundo de Satán en los infiernos,
lugar en que los males son eternos
y el fuego, siempre vivo, no conforta.
Y gira como un trompo en frenesí,
los brazos dirigidos hacia el cielo.
Violetas y azucenas en un pelo
tocado con diadema de alhelí.
Absorta se somete a la lujuria
de un rítmico sonido de timbales
que evocan, tenebrosos y ancestrales,
hipnóticos relámpagos de furia.
El cuerpo se retuerce en un espasmo
que siembra de amapola sus facciones,
y estallan las violentas convulsiones
de luces que iluminan el orgasmo.
Se apaga la tormenta de locura
y presa de una calma sosegada
se duerme con la faz transfigurada,
los sueños compartiendo la espesura.
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