Las gaviotas en la playa
sobrevuelan a Manuela,
desde que amanece el día
ellas son sus compañeras.
Ya de niña le gustaba
ir con su padre de pesca,
los peces que iba cogiendo
al mar mandaba de vuelta;
un pez cofre, cual joyero,
le guardaba una diadema,
que hecha de lirios marinos
le regaló en primavera;
un pescador muy valiente
loquito de amor por ella,
bajó a las profundidades,
de allí le trajo una perla.
Llegó el día de su boda,
descalza iba por la arena,
de rizada y blanca espuma,
llevaba cola Manuela;
un collar de caracolas,
en sus rizos una estrella;
y Neptuno los casó
y cantaron las sirenas.
Los días que Juan salía
en su barquita de pesca,
sentadita entre gaviotas
solita quedaba ella.
Se cubrió el cielo de nubes,
de malditas nubes negras;
Neptuno de Juan celoso,
se lo entregó a la tormenta;
regresaron las gaviota
venían gritando de pena;
se le paró el corazón
de tanto aguardar su espera.
Las gaviotas en la playa
se posan sobre Manuela,
desde que amanece el día
ellas son sus compañeras.
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