pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Por los desfiladeros que restan entre dos pestañas
adivino el mundo,
robo tu nombre a las estelas
que las moribundas aventuras de un resol
van olvidando enfrente de mí;
yo saludo a las aves sin prenderme de ellas
ni hacerme la repetida promesa de no ser nadie,
ni abarrotar los vacíos de la ternura
con la bandera que otrora fuera dueña
de la sima vertical de mi bolsillo.
Observo el vuelo de un águila
y deseo ser su presa
y alcanzar en segundos la altura
que me distancie del paraíso;
reconocer tus manos y sus calveros,
las nutridas aspas de tus dedos
y las frondas y los tallos donde penden
rotos los guiñapos de mis ventrículos,
hojas mustias abaneándose contra las lluvias de mayo
y saludando de junio a sus astros.
¡Desmontar la pértiga de mi médula...!
y alcanzar con la ayuda de tu silencio
el olvido y el perdón para mis ojos
a los que me hermano para alumbrar
de este pasillo sus ecos y miedos
y recitar los conjuros en alto
de un martillo de brujas en mi mano,
oración artesana y pulcra sobre mi piel,
delineada con la misma pestaña
que segó mis capilares
antes de aprender a cerrar los ojos.
¿Quieres volar?
Para abrirlos de nuevo.
¡Cógete de mi mano!
Algún día aprenderé...
...de tanto tirarme,
y sanaremos de su enfermedad el suelo;
brotes que ansío
al firmamento.
Por los desfiladeros que restan entre dos pestañas
adivino el mundo,
robo tu nombre a las estelas
que las moribundas aventuras de un resol
van olvidando enfrente de mí;
yo saludo a las aves sin prenderme de ellas
ni hacerme la repetida promesa de no ser nadie,
ni abarrotar los vacíos de la ternura
con la bandera que otrora fuera dueña
de la sima vertical de mi bolsillo.
Observo el vuelo de un águila
y deseo ser su presa
y alcanzar en segundos la altura
que me distancie del paraíso;
reconocer tus manos y sus calveros,
las nutridas aspas de tus dedos
y las frondas y los tallos donde penden
rotos los guiñapos de mis ventrículos,
hojas mustias abaneándose contra las lluvias de mayo
y saludando de junio a sus astros.
¡Desmontar la pértiga de mi médula...!
y alcanzar con la ayuda de tu silencio
el olvido y el perdón para mis ojos
a los que me hermano para alumbrar
de este pasillo sus ecos y miedos
y recitar los conjuros en alto
de un martillo de brujas en mi mano,
oración artesana y pulcra sobre mi piel,
delineada con la misma pestaña
que segó mis capilares
antes de aprender a cerrar los ojos.
¿Quieres volar?
Para abrirlos de nuevo.
¡Cógete de mi mano!
Algún día aprenderé...
...de tanto tirarme,
y sanaremos de su enfermedad el suelo;
brotes que ansío
al firmamento.
El Malleus Maleficarum (del latín: Martillo de las Brujas), es probablemente el tratado más importante que se haya publicado en el contexto de la persecución de brujas y la histeria brujeril del Renacimiento.
Última edición:
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::; tal vez no necesite seguir aprendiendo a volar y pueda conservar algunas vidas de las que aún no ha perdido en su aprendizaje de vuelo. Que cuelgue de tu mano si es necesario como un pañuelo de pelo que saluda a las águilas, a las que seguirá envidiando. Mejor que columpiarse en los alisios y ser amortajado por la verde túnica de matorral que le observa abajo.