Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

¿Qué poder tendrán tus ojos?
¿Cuál, la lira de tu boca,
o la aguja de tus dedos
que en mi espalda se desborda?
Al hechizo de tu voz,
escondida en cada estrofa,
encadeno los latidos
a tus labios de amapola
y deshojo con la lengua
de este río que me colma,
rojos ecos de un te quiero
que repite hasta mi sombra.
¿Dónde quedan hoy los sueños
que mecían tus auroras?
¿Si contigo te llevaste,
¡vida mía!, el alma toda?
Ora el valle de tus brazos
se reviste de otro aroma
destilando su opio embrujo
la naciente belladona.
La imagino, allá en tu cauce,
retoñando fervorosa...
¡Vil y huída primavera
de mis besos desertora!
Nomeolvides brotan mustios
donde los cipreses lloran,
en mi cruz la mala hierba,
bajo ella quien te nombra.
Vuelve tus ojitos verdes
a lo gris de esta congoja
que el poder de tu mirada
mis quebrantos pone en solfa.
Reinvéntame en el aire,
¡seca el llanto gota a gota!
y calcina los guarismos
de estas tristes, tristes coplas.