José A. Guerrero
Poeta que considera el portal su segunda casa

Esa noche pedí por un mundo mejor y tenía la sensación de que en algún lado debía de haber alguno diferente al nuestro, me disponía a dormir y mientras pensaba me vi volando a escasa altura en un avión ultra ligero, iba en busca de ese mundo diferente.
Era bella la sensación de volar viendo tan cerca la superficie de la tierra y después empecé a adéntrame en zona oceánica cuando de pronto me pareció ver una esfera transparente, como de cristal flotando cerca de la costa, tenía 2.5 metros de diámetro aproximadamente; decidí buscar donde aterrizar lo más cerca posible para regresar a inspeccionar de que se trataba, di varias vueltas hasta que logré encontrar el lugar adecuado y aterricé en un claro del bosque aledaño a la costa, me interné en el bosque de manglares en busca de la playa e inicié una difícil travesía en medio de raíces y zonas inundadas, las aves al sentir mi presencia escapaban haciendo un escándalo, aleteando y graznando de diferentes modos. Por fin alcancé la costa y empecé el recorrido por casi media hora, cuando casi creía que había sido una ilusión óptica, apareció a mi vista esa esfera encallada en la playa cerca de una zona rocosa, lucía blanquecina como si estuviese llena de humo y había una magia en ella pues daba la sensación de que tenia vida, acerqué mi cara a su superficie y se abrió un claro en el humo como si se tratase de nubes y… ¡Vaya sorpresa! dentro de ella había otra esfera de bello colorido donde predominaba el verde y el azul, en ese momento estaba deseando con toda mi alma entrar y explorar esa esfera, solo que presentía que no debía rasgarla pues tenía vida en su interior.
Alguna fuerza me sacudió y empecé a girar y girar, envuelto en un remolino mientras sentía que me desvanecía y perdía el sentido. Desperté en una zona boscosa en medio de un murmullo de trinos, no sé si de aves o grillos pero era muy musical, conforme fui saliendo de mi aturdimiento aprecié que en la vegetación multicolor volaban unas lucecitas de diferentes colores con alas como de libélula, cuando una de ellas se acerco a mi lo suficiente pude apreciar su belleza y forma de mujercita diminuta, era difícil apreciar su edad, todas me parecían iguales, lo único que las distinguía era su color y brillantez, las había de todos colores, azules, blancas, verdes, rosas, rojas, en fin, de todos los colores imaginables, desconcertado vi mi apariencia diminuta y algo similar a ellas y vi como varias se arremolinaban en torno mío soltando polvos multicolores y volví a desvanecerme.
Cuando desperté nuevamente estaba en el interior de un hongo que servía de morada, comprendía con claridad el diálogo que entablaban, hablaban de la escasez de polvo rojo y como algunas lo habían acaparado a cambio de polvo dorado que en sí solo servía para iluminar exteriormente cual luz artificial.
Eran tres diminutas hadas las que me rescataron y comencé a interactuar con ellas, aprendí de su forma de vida y como es que conseguían subsistir en ese maravilloso y mágico mundo, mucha variedad de polvos mágicos y cada color tenía un efecto, el rojo, el que todas asediaban por la sensación tan especial que producía al ser recibido, el azul, el del recuerdo, dependía mucho de la vida de cada una, pues algunas que habían pasado momentos tormentosos no tenía buenos recuerdos y por lo tanto no hacían uso de el pues era lastimoso por estar contaminado y no iluminaba sino todo lo contrario, el verde dependía mucho de su fe en el futuro pues iluminaba de esperanza, el polvo blanco que abundaba, solo surtía efecto cuando era compartido con alguien necesitado y abatido por alguna causa, llevarlo y rociarlo en alguien producía una luminosidad especial, amrillo, dificil de conseguir en estado genuino, pues se contaminaba facilmente con el dorado el cual generaba mucho interes.
Tres hadas eran las que llenaban mi atención, una de ellas lucia de un bello blanco nacarado de azul y rosa, hace tiempo que su fuente de polvo rojo se había agotado y el polvo blanco y azul eran su principal fuente de luminosidad, la segunda lucia rojo intenso, pues hace tiempo del otro lado de la esfera había encontrado una fuente la cual tenía prometida y esperaba el momento de explotarla, pero me tocó ver como le era confiscada provocando en ella mucho dolor y llanto, aconsejada acudió al polvo verde que combinado con su amarillo producía un efecto maravilloso que la llenaba de vida y luminosidad, la tercera, la más frágil de las tres según mi apreciación, lucia algo débil y desconcertada pues esta se empeñaba en conseguir luminosidad roja, pues el azul estaba negado para ella, sus recuerdos de rojo lastimaban, supe que incluso se había atrevido a robar algo de polvo rojo pero la luminosidad no era la misma que cuando era de una fuente propia, me encariñe de las tres, pro en forma especial de la tercera en mención, pues la sentía más necesitada de todo, sin que ella lo pidiera sople algo de mi esencia con la intención de regalarle una sensación para ella desconocida, pero fue encanto y desencanto pues era imposible que subsistiera algo tan irregular, algo de dos mundos completamente distintos, un error que me costó el despertar con llanto en los ojos y un sentimiento de culpa, uuuf, no sé en qué momento empecé a soñar, pero, si existe ese mundo y esas tres bellas hadas, deseo de todo corazón que se iluminen de bella manera, aunque escasee el polvo rojo, está el azul, el verde, el amarillo y el blanco que es el que abundaba, estaba al alcance de todas y produce felicidad, además de luminosidad especial.
José Ángel Guerrero Hernández (24/10/13)
Archivos adjuntos
Última edición: