nube blanca
Poeta que no puede vivir sin el portal
En un tranquilo pueblo vivía Esperanza, una mujer viuda con sus tres hijos, trabajaba las tierras de un ricachón del pueblo para su subsistir. Don Benito, que así se llamaba el hombre tenía dinero por doquier y con su nobleza daba de comer a todos los que allí vivían arrendando sus tierras y casas. Un día pasó por casa de Esperanza, ella lo encontró algo extraño, pero no le dio importancia. Notando varios días su ausencia, el alcalde del pueblo fue a su casa, encontrando encima de la cama un sobre, era algo parecido a un pequeño testamento escrito de su puño y letra en el cual dejaba sus últimas voluntades. Reuniendo a todos en la plaza mayor del pueblo, comenzó a leer el escrito que decía:
- Dejo todos mis bienes y dinero a todas las familias de este pueblo a repartir por partes iguales y que nunca sepan lo que es la miseria. Desde ese suceso los vecinos apenados por su ausencia, decidieron condecorar con su nombre al pueblo por haber sido su salvador. Notaban su ausencia pero a la vez, se sentían muy felices. Lo que nadie sabía, era que Don Benito estaba cerca de ellos, que su testamento lo había donado en vida aunque todos lo dieran por muerto.
Tere B.O
04-11-2013
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