Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
El problema es que para mí siempre fue un universo, y como tal, no hay modo alguno para recordarle de una sola pieza, por ejemplo; su piel, su piel siempre fue territorio de mis dedos, ellos recuerdan cada lunar, cada surco, todos sus pliegues y las simas y las cimas y todas las veces que se perdieron por allá y hasta la más pequeña de las cicatrices; cuando sueño con el laberinto de su cuerpo mis dedos me cuentan de sus cabellos de miel, de las veces que se encontraron con su tez de leche y nata, del valle de su vientre y de las olas de sus vellos que se formaban cuando se refrescaba con cada suspiro. Me describen, y eso todavía es un suplicio, cada una de sus vertebras cual tropezones de pastel de fiesta.
Sé que más de una vez a mis espaldas mis dedos persiguieron alguno de mis besos que se le soltaron de la comisura de mis labios, sé que ellos ya sabían que irían directo a la profundidad de su ombligo, sin embargo, nada me dijeron y se fueron tras de ellos tan despacio como era preciso para provocar que todos sus vellos se erizaran y su cuerpo se arqueara.
Tal vez sea ese, su secreto, el pecado de mis dedos, tal vez sea que por ello cada noche, en cada oscuridad, en cada parpadeo, no tenga yo remedio y como penitencia le recuerde así, sólo piel, nada de alma.
Por su puesto que en aquellos tiempos mi alma le conocía muy bien desde la cabeza a los pies, sin embargo, estando consiente ya no le recuerda, tuvo el desatino de confiar y mirarle con los parpados cerrados, creo que se quedó a nadar en su mirada. Sin embargo, en cada siesta, en cada insomnio por las noches, en cada triste olvido es sólo su rostro el que regresa.
Due 7.11.12 en un anoche en la que el frío se pega a la piel como si fuera un adiós
Nota 1.
-¡¡¡¡Señor!!! Su hijo me ha pisado.
-Vaya ¿A ver hijo, qué dice papá cuando hace algo malo?
-¡¡Soy un mierda! te juro que voy a cambiar, no me dejes mi amor, por favor, no me dejes...
-No.., Lo otro.
-Perdón.
-Eso.
Nota 2.
-¡Mamá, ¡MAMÁ! mira estoy en la tele!
-No seas estúpida ¡Préndela!
Nota 3. La diferencia entre un ciego y un fanático es que el ciego sabe que no ve...
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Sé que más de una vez a mis espaldas mis dedos persiguieron alguno de mis besos que se le soltaron de la comisura de mis labios, sé que ellos ya sabían que irían directo a la profundidad de su ombligo, sin embargo, nada me dijeron y se fueron tras de ellos tan despacio como era preciso para provocar que todos sus vellos se erizaran y su cuerpo se arqueara.
Tal vez sea ese, su secreto, el pecado de mis dedos, tal vez sea que por ello cada noche, en cada oscuridad, en cada parpadeo, no tenga yo remedio y como penitencia le recuerde así, sólo piel, nada de alma.
Por su puesto que en aquellos tiempos mi alma le conocía muy bien desde la cabeza a los pies, sin embargo, estando consiente ya no le recuerda, tuvo el desatino de confiar y mirarle con los parpados cerrados, creo que se quedó a nadar en su mirada. Sin embargo, en cada siesta, en cada insomnio por las noches, en cada triste olvido es sólo su rostro el que regresa.
Due 7.11.12 en un anoche en la que el frío se pega a la piel como si fuera un adiós
Nota 1.
-¡¡¡¡Señor!!! Su hijo me ha pisado.
-Vaya ¿A ver hijo, qué dice papá cuando hace algo malo?
-¡¡Soy un mierda! te juro que voy a cambiar, no me dejes mi amor, por favor, no me dejes...
-No.., Lo otro.
-Perdón.
-Eso.
Nota 2.
-¡Mamá, ¡MAMÁ! mira estoy en la tele!
-No seas estúpida ¡Préndela!
Nota 3. La diferencia entre un ciego y un fanático es que el ciego sabe que no ve...
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