ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
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LA EXPANSIÓN
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1 Y aconteció que había uno que no recordaba haber visto el sol de mañana, y dudaba si había desayunado, y si había asegurado la puerta de su casa, y también después de hacerse estas preguntas, no supo cómo hasta allí había llegado, y palidecía.
2 Y el hombre estaba inquieto, y comenzaba a dudar de todo, y aunque hacía intentos por recordar, nada venía a él.
3 Entonces decidió despreocuparse, a fin de controlar su ansiedad, y pensó en hacer lo que se había dado a hacer, y entró en el banco para cobrar el dinero, porque tenía una deuda que lo estaba afligiendo.
4 Y aconteció que cuando hubo llegado su turno en la fila se acercó a la ventanilla, y extendiendo su mano dio a la cajera el cheque, y el cheque estaba ajado como rostro de anciano, y viendo el hombre aquello se extrañaba.
5 Y ocurrió que la cajera recibió el cheque, y miró al hombre, y le dijo: Dame también tu cédula de identidad. Y el hombre, tardando en encontrarla entre sus vestidos la halló, y he aquí estaba desgastada, mas se la dio.
6 Y dijo la cajera al hombre: Dime una cosa, hombre. Y el hombre se inquietó en gran manera, porque vio que su documento estaba en mal estado, y le dijo: ¿Hay algo mal? Y respondió la mujer, diciendo: Nada. Sólo preguntarte si quieres billetes de veinte o de cincuenta.
7 Pero hasta donde él recordaba, no existían billetes de cincuenta, y asumió que su desconocimiento se debía al nulo contacto que tenía con los medios de comunicación, porque no tenía tiempo para mirar la televisión, ni para leer el periódico.
8 Y dijo el hombre: De cincuenta estará bien. Y al salir del banco sostuvo uno de los billetes en su mano, y echándole un vistazo apresurado despreció su diseño, y he aquí se lo echó al bolsillo, y caminó hasta el parque que estaba en frente del banco, del otro lado de la calle.
9 Y estando sentado en una de las bancas del parque, esperaba a una mujer, pero la mujer no aparecía.
10 Y aguardó el hombre pacientemente por la mujer; y pasaron cinco, y diez, y quince minutos, pero la mujer no aparecía, e inquietándose el hombre en gran manera por esto, metió la mano en uno de sus bolsillos, y de él extrajo un teléfono móvil, y advirtiendo que no tenía registrado el número de la mujer, se extrañó.
11 Y el número de la mujer es: "02-28918012", que es el número de las aberraciones.
12 Y marcó el número, pero la mujer no contestaba, y resolvió volver a intentar, mas cuando miró la pantalla del teléfono observó que los números habían cambiado por otros, y fue así.
13 Y se sintió molesto por aquello, y dudó del buen funcionamiento de su teléfono, pero resolvió intentarlo una vez más.
14 Y dijo el hombre: Cuando digito un número, cambia por otro al volver la vista sobre el número que hube digitado. Y ante tal aberración, pensó que estaba alucinando, y tuvo temor, y permaneció el hombre en silencio durante largo rato, y buscaba explicación, mas no la hallaba.
15 Pero el hombre desistió de buscar explicación, y concentrándose en la pantalla del teléfono móvil, pudo digitar el número, e intentó llamarla una vez más.
16 Y el hombre desesperaba grandemente, mas la mujer apareció, y para los ojos de él, vio que la mujer tenía algo extraño, pero por más que la miraba no podía descubrirlo, y se inquietaba.
17 Y sucedió que el hombre se despreocupó, y dio el dinero a la mujer, doscientos contados, y le agradeció, pero ella no entendía, y preguntando por ello, le dijo: ¿Por qué me pasas dinero?
18 Y oyendo el hombre lo que la mujer había preguntado, contestó: Este es el dinero que me diste en préstamo, del cual te estoy agradecido en gran manera; doscientos contados, y he aquí te lo devuelvo. Pero la mujer no entendía.
19 Y volviendo la mujer a preguntar sobre el dinero, sostuvo sus manos, y le preguntó si le pasaba algo, y si se sentía bien, y el hombre palidecía.
20 Aconteció entonces que mientras el hombre explicaba a la mujer lo que ella inquiría, hubo vuelto la vista para mirar el banco, pero el banco no estaba, hallándose en su lugar una casa pequeña.
21 Y habiéndose frotado los ojos, miró otra vez, pero la casa seguía allí, y su corazón comenzaba a acelerarse, y su visión periférica se nublaba, y caminando sobrecogido en dirección de la casa se detuvo tras oír una bocina.
22 Y dijo el hombre: Si no me hubiera alertado esta bocina, hubiera sido arrollado, y estaría muerto. Y temblaba el hombre grandemente, y volteando para mirar a la mujer, no la halló, y temió.
23 Estas son las cosas que ya no estaban, las cuales son aberraciones: La mujer, que estaba de pie junto a la banca, y que es la aberración de la carne; la banca, que estaba a la diestra de la mujer, y que es la aberración de los objetos y de la necesidad de ellos; los árboles, que se encontraban por detrás y por delante de la mujer y la banca, y que son la aberración de los escenarios y las situaciones; el pasto, que cubría toda la extensión del parque, y que es la aberración de la falsa calma; y el parque, que es la gran aberración.
24 Y sorprendiéndose el hombre de pié en medio de una vía, pensó en las aberraciones que sobre él habían caído, y vio que eran muchas; y reparando en ellas creyó que enloquecía, y gran temor lo embargó, y lloró, y cerró los ojos, pero la gente que caminaba por el borde de lavía, no caía en cuenta del hombre.
25 Y he aquí un sentimiento extraño le entró, como si algo estuviera a punto de explotar adentro de él; y recapitulando el hombre las aberraciones que sobre él habían caído, una gran sabiduría le llenó, como si el otro que estaba por encima de él, y el que estaba siendo, hubieran formado uno solo, y su conciencia se expandía.
26 Y entonces, habiéndose liberado de su prisión holográfica, dijo: Estaba perdido, y me he encontrado. Y abriendo los ojos se supo poderoso, y comenzó a ejecutar prodigios.
27 Estos son los prodigios que hizo el hombre, los cuales son milagros: primero dijo: Cámbiense mis vestidos por otros más ligeros. Y así sucedió. Luego dijo: Que cada vehículo que surca estavía, se convierta en ave, coloreada según el tono de cada vehículo, y vuele, según la velocidad de cada cual. Y así fue, y la gente que caminaba por el borde de lavía, miraba con asombro.
28 Y tan pronto como hubo hecho estos prodigios, quiso echar a volar, y con dificultad comenzó a levitar, y conforme pasaba el tiempo iba tomando costumbre, y cuando hubo hallado seguridad, subió a la velocidad del rayo, y la gente se maravillaba.
29 Y he aquí dijo también: Te voy a encontrar, y cuando te halle, preguntaré sobre las otras aberraciones.
30 Y en lo más alto de las nubes aparecía una montaña, y la montaña era tremenda, y en la cima de la montaña había una luz majestuosa, y la luz provenía desde adentro de una estructura de cristal enorme, y en el interior de la estructura había como un cerebro gigantesco, y resplandecía.
31 Y sucedió que mientras se acercaba al cerebro, tomaba velocidad, y dijo: Allí estás. Y conforme se aproximaba a la estructura de cristal, comenzaba a oírse una música.
32 Y se movía el hombre de lado a otro en la abierta expansión de su cama, y sus sábanas, como primigenios océanos de seda le contenían, y el hombre no despertaba, y temía de despertar.
33 Y he aquí el espacio onírico del hombre se derrumbó, y cuando hubo despertado del sueño, oyeron sus oídos que la música provenía desde su teléfono móvil que continuaba sonando en la obscuridad, y la música era el “motivo del destino”, que es motivo de hombre.
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