Le tiembla al reloj la manecilla
discurre inexorable su camino
el tiempo ya conoce su destino
es implacable, todo lo mancilla.
Arriba, al final de la buhardilla
guardo un reloj de péndulo muy fino,
su oscilar es armónico, genuino,
como la vida misma que apostilla.
Se detiene en momentos armoniosos
los días que amanecen soleados
y alarga los ocasos luminosos.
Mi reloj con tic tac acompasados
prolonga los minutos más dichosos,
de ternuras y risas empapados.