lluvia de enero
Simplemente mujer
Es domingo. El otoño pinta el paisaje con su paleta de acuarelas: gris plomizo para el cielo, gris también el pavimento y gris la melancolía, casi tirando a negro; para los árboles juega entre verdes y amarillos, y en los jardines conserva la amplia gama de colores que nos ofrecen las flores antes de que llegue el invierno. Tímidas gotas de lluvia tintinean en el suelo y seis o siete gorriones pían en el alero; más lejos se oye un zorzal con su trino mañanero y la risa de unos niños que escucho pero no veo. A esta bella sinfonía se han sumado las campanas que anuncian desde la iglesia la misa de las diez. Transitan pocos autos por la calle, y parece que la lluvia acobarda a las vecinas porque no están en la esquina, como todas las mañanas, quejándose de los precios o criticando el vestido que lleva puesto esa chica que pasó.
Una pareja de jóvenes pasa por la acera, caminando bajo la lluvia sin apuro, sin paraguas; se los ve despreocupados y sonrientes, ajenos al mundo, haciéndose arrumacos. Algún lejano recuerdo me juega sucio, también me juegan sucio las ganas.
Es domingo. Llueve. Estoy sola.
Otro domingo más viendo pasar la vida como una película, como simple espectadora, a través del cristal de la ventana.
Última edición: