Valen_Tina
Poeta que considera el portal su segunda casa
El despertador apalea mi cerebro
a las cinco de la mañana.
El sueño no se rinde aunque
lo moje en café con leche.
Salgo al asfalto.
El silencio se cruza con el de los otros
sin saludar,
cada uno va a lo suyo.
Paseo la angustia como quien pasea al perro,
si lo tuviera.
Los otros son sombras que agrandan
el vacio de mi estómago
y contaminan la autovía
como el que más.
En la última rotonda las prostitutas
tampoco me saludan.
Me deprime tanta soledad en tanga
y al acecho
como rapaces.
Siento lástima por ellas,
por mí,
por las ocho horas que me esperan.
Enciendo el último cigarro
antes de que suene
la maldita sirena.
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