Hoy me he acercado a tu casa
por tu encanto poseído
de un amor que, enaltecido,
sus propias lindes traspasa.
Como presa de un hechizo
tu casa estaba atrapada
por una hiedra enraizada
en un abrazo enfermizo.
Cada uno de esos brotes
me produce desazón;
Di ¿quién puso, corazón,
en tus ventanas barrotes?
Como si anunciase muerte,
un manto de secas hojas
hoy alfombra mi congoja.
¿Qué mal cambió nuestra suerte?
Amor ¿donde estás, amor,
qué negro pesar te encierra,
que te aleja y te destierra,
desoyendo mi clamor?...
A fe mía juraría
que fue ayer que te besé
¿o es que acaso lo soñé
anoche mientras dormía?
El último verso es de un poema de Antonio Machado.
Última edición: