Hernán Alvarez
Poeta recién llegado
Ya me puse al tanto
de esta soledad de hierro amurada a mi lenguaje,
ya desvestí al muerto que tengo en el ropero
y le puse traje nuevo para su nuevo emprendimiento,
ya me leí todas las cartas que nunca partieron de tu mano
pero que alguien dejó en los escombros de mi patio,
ya conté cuantos pares son tres botas
y cuantos besos de mi boca me hacen falta
para silenciar el gesto de tu sombra en el pasado,
ya tropezé dos veces con la misma pregunta
y la piedra aún no sabe responderme,
ya comprobé que lo bueno, si es breve,
doblemente doloroso se arruga y se empobrece,
ya descubrí que no todo lo que reluce viene de tus ojos
y que la noche a pesar de su cansancio,
lleva siempre en andas el ángel de tu recuerdo,
ya comprendí que soldado que huye
sólo es burla de un pasado que ríe a carcajadas,
ya me he convencido que perro que ladra
nunca se calla hasta obtener lo que quiere,
que la vida no es sueño sino un montón de recuerdos,
que el que hace mucho ruido siempre esconde las nueces,
que al que madruga para que lo ayuden, ni Dios lo comprende,
ya me quedó lo suficientemente claro
que esta agua que no he de beber no siempre quiere correr,
que no hay peor sordo que el que no quiere hablar,
que después de la tormenta siempre quedan los daños,
que los años no vienen solos pero solos se alejan,
que en el amor no todo vale pero quizas, todo signifique,
que siempre que llovió paró, pero el suelo ya no es el mismo,
que la muerte siempre te acompaña pero un día te suelta la mano,
que más vale pájaro en mano que vivir enjaulado,
que no es preferible reír si llorar te conviene más,
que no hay mal que resista un cien veces no debo,
que al final de cuentas
es mejor estar solo que mal acostumbrado.