Évano
Libre, sin dioses.
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.
Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.
La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.
Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.
Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.
Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.
Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.
Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.
Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.
La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.
Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.
Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.
Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.
Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.
Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.