Un grito despidiéndose de nadie

Évano

Libre, sin dioses.
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.

Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.

La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.

Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.

Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.

Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.

Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.

Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.
 
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.

Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.

La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.

Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.

Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.

Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.

Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.

Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.
Es bueno alzar la voz en medio de los laberintos... es un poema hermoso y muy triste Se E vano, a ver sii encuentro un cincel para romper las rocas. En cuanto lo vi vine y vaya que me costo porque falla mi ipod! Abrazos de agua
 
un poema para validar mi nostalgia de hoy, abrazos
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.

Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.

La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.

Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.

Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.

Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.

Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.

Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.
 
Hasta los silencios gritan, amigo, y créeme que saben cómo hacerlo.

Las sombras y la nostalgia son las vías reflexivas del corazón, y la muerte es el de la razón.

Me gustó tu simbológica y concentrada inspiración.

Un abrazo.
 
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.

Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.

La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.

Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.

Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.

Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.

Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.

Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.
bellas metáforas !! , me gusta todo el poema , pero las metáforas muy creativas. un gusto pasar a leerte. felicitaciones , Cordiales saludos.
 
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.

Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.

La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.

Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.

Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.

Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.

Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.

Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.

Muy bueno, compañero.
Una mujer, un perro llamado dolor, como decía el Aute; a saber. Pero esa gruta, tan oscura y fría, esa corteza pétrea vibrando por un grito de miedo, rabia quizá, y esos murciélagos de soledad abanicando el pecho, me supo a dolor, amigo.
Excelente poema.
 
Cuando llegaste a mí,
entramos en la gruta más profunda,
oscura, tenebrosa y sin salida.

Es un lugar de dentro
de nuestro corazón de piedra y mármol,
el exilio del último final.

La inercia nos obliga
a seguir pellizcando nervios. Sogas
del cuerpo, boca y labios. El afuera.

Es el eco aprendido
a lo largo del tiempo arrebatado.
Ahora olvido al son del no latir.

Triste retumbo, siseo
en las paredes de esta cueva donde
el aire arrastra nuestro laberinto.

Los murciélagos son
la soledad colgando boca bajo
y tus alas batiendo la negrura.

Son estas letras, sangre,
viento ululando por la luz de fuera,
un grito despidiéndose de nadie.

Cuando llegaste a mí,
supe que eras la sombra moribunda,
el oscuro silencio de mi fin.
Hermosas líneas breves, condensando el universo del amor y la nostalgia,
ojos de lago eterno y profundo. Recuerdos como abrazos que se anhelan.
felicidades, luzyabsenta
 

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