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¡Ese pueblo!

Luis Prieto

Moderador Global
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Moderador Global
¡Ay! Quien pudiera volver a ese pueblecito
para pasar mis días de sosiego,
en donde el tiempo parece haberse detenido
guardando años de historia,
anclado a orillas del río
cuyas aguas cristalinas…
incitaban a saborear su frescura alterando mis sentidos.
Calles de tierra grava,
casas aun levantadas en el eterno granito,
son adornadas con racimos de geranios
colgando de sus ventanas.
Esa casita donde el melodioso canto de la mañana
me despertaba suavemente,
la brisa suave y fresca,
alejaba la niebla gris amenazante
para dar paso al cielo azul e invitarme a pasear
por sus calles y entre su gente.
En donde tomé por costumbre cada mañana cuando salía a pasear,
tomar un vaso de leche recién ordeñada,
que el ganadero…
hombre de avanzada edad,
tez curtida por el Sol y el viento,
me ofrecía de buena gana.
En donde por sus calles… arriba o abajo,
ese olor a chimenea encendida
pasara por donde pasase,
despertaba el apetito.
Esa casita del pueblo,
en la que al abrir sus ventanas,
hacía que mis pupilas se dilatasen y
enamorasen al contemplar esplendorosos valles
e inhalar el frescor de los verdes prados.
Ese pueblecito,
donde el olor a tierra mojada llegaba a mis entrañas,
el aroma de nubes y hierba fresca se fundía con mi alma.
Donde la paz reinaba,
el silencio no mandaba,
al oírse el caudal del río caer por la ladera y
el trinar de los pájaros que siempre acompañaba.
¡Ay! Quien pudiera retornar a ese pueblecito para
ver caminar el manso fuego de estío hacia un ocaso radiante
y escuchar como habla el viento
en los álamos del río.
Volver a departir amenas conversaciones
junto a la gran chimenea donde quemaba troncos de roble
para que el calor llegase a todos los rincones.
Visto de esta manera,
no me queda otra que esperar y
mientras llega esa oportunidad…
en la rutina de cada noche,
cerraré mis ojos para sumirme en profundo sueño y
poder disfrutar aunque solo sea por unas horas,
todo cuanto ofrezca...ese Pueblo.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 18/08/2014
 
Última edición por un moderador:
me estaba perdiendo esta obra maravillosa, es bello escribir al pueblo donde paso una infancia, quizá sus primeras experiencias de felicidad y tambien de tristeza,pues de aquí nacen los cimientos de ser un buen ser humano en valores y cuando uno esta lejos de su tierra aprende a valorarlo mucho más , me gusto mucho ,abrazos y gracias por haberme compartido su obra,saludos.
 
Hermosooo! Me trajo recuerdos de mi infancia y juventud. Creo que habemos muchos que suspiramos por nuestros lugares de origen, bellos recuerdos que para nosotros traen magia a la imaginacion. Gracias por compartirlo, lo disfrute mucho.
 
¡Ay! Quien pudiera volver a ese pueblecito
para pasar mis días de sosiego,
en donde el tiempo parece haberse detenido
guardando años de historia,
anclado a orillas del río
cuyas aguas cristalinas…
incitaban a saborear su frescura alterando mis sentidos.
Calles de tierra grava,
casas aun levantadas en el eterno granito,
son adornadas con racimos de geranios
colgando de sus ventanas.
Esa casita donde el melodioso canto de la mañana
me despertaba suavemente,
la brisa suave y fresca,
alejaba la niebla gris amenazante
para dar paso al cielo azul e invitarme a pasear
por sus calles y entre su gente.
En donde tomé por costumbre cada mañana cuando salía a pasear,
tomar un vaso de leche recién ordeñada,
que el ganadero…
hombre de avanzada edad,
tez curtida por el Sol y el viento,
me ofrecía de buena gana.
En donde por sus calles… arriba o abajo,
ese olor a chimenea encendida
pasara por donde pasase,
despertaba el apetito.
Esa casita del pueblo,
en la que al abrir sus ventanas,
hacía que mis pupilas se dilatasen y
enamorasen al contemplar esplendorosos valles
e inhalar el frescor de los verdes prados.
Ese pueblecito,
donde el olor a tierra mojada llegaba a mis entrañas,
el aroma de nubes y hierba fresca se fundía con mi alma.
Donde la paz reinaba,
el silencio no mandaba,
al oírse el caudal del río caer por la ladera y
el trinar de los pájaros que siempre acompañaba.
¡Ay! Quien pudiera retornar a ese pueblecito para
ver caminar el manso fuego de estío hacia un ocaso radiante
y escuchar como habla el viento
en los álamos del río.
Volver a departir amenas conversaciones
junto a la gran chimenea donde quemaba troncos de roble
para que el calor llegase a todos los rincones.
Visto de esta manera,
no me queda otra que esperar y
mientras llega esa oportunidad…
en la rutina de cada noche,
cerraré mis ojos para sumirme en profundo sueño y
poder disfrutar aunque solo sea por unas horas,
todo cuanto ofrezca...ese Pueblo.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 18/08/2014
mucha nostalgia nos deja aquel lugar que hoy añoras, abrazos
 
¡Ay! Quien pudiera volver a ese pueblecito
para pasar mis días de sosiego,
en donde el tiempo parece haberse detenido
guardando años de historia,
anclado a orillas del río
cuyas aguas cristalinas…
incitaban a saborear su frescura alterando mis sentidos.
Calles de tierra grava,
casas aun levantadas en el eterno granito,
son adornadas con racimos de geranios
colgando de sus ventanas.
Esa casita donde el melodioso canto de la mañana
me despertaba suavemente,
la brisa suave y fresca,
alejaba la niebla gris amenazante
para dar paso al cielo azul e invitarme a pasear
por sus calles y entre su gente.
En donde tomé por costumbre cada mañana cuando salía a pasear,
tomar un vaso de leche recién ordeñada,
que el ganadero…
hombre de avanzada edad,
tez curtida por el Sol y el viento,
me ofrecía de buena gana.
En donde por sus calles… arriba o abajo,
ese olor a chimenea encendida
pasara por donde pasase,
despertaba el apetito.
Esa casita del pueblo,
en la que al abrir sus ventanas,
hacía que mis pupilas se dilatasen y
enamorasen al contemplar esplendorosos valles
e inhalar el frescor de los verdes prados.
Ese pueblecito,
donde el olor a tierra mojada llegaba a mis entrañas,
el aroma de nubes y hierba fresca se fundía con mi alma.
Donde la paz reinaba,
el silencio no mandaba,
al oírse el caudal del río caer por la ladera y
el trinar de los pájaros que siempre acompañaba.
¡Ay! Quien pudiera retornar a ese pueblecito para
ver caminar el manso fuego de estío hacia un ocaso radiante
y escuchar como habla el viento
en los álamos del río.
Volver a departir amenas conversaciones
junto a la gran chimenea donde quemaba troncos de roble
para que el calor llegase a todos los rincones.
Visto de esta manera,
no me queda otra que esperar y
mientras llega esa oportunidad…
en la rutina de cada noche,
cerraré mis ojos para sumirme en profundo sueño y
poder disfrutar aunque solo sea por unas horas,
todo cuanto ofrezca...ese Pueblo.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 18/08/2014
Quien ha vivido en un pueblo, nunca se puede olvidar de las muchas cosas buenas que aporta, ni punto de comparación con la cuidad, al menos para quienes nos gusta la naturaleza, la gente de bien, etc. Uno siempre tiene sueños de volver a los orígenes, a veces se consigue y otras no, pero lo conservamos en el corazón.
Un buen poema estimado Luis, un placer pasar por tus letras.
Un abrazo.
 
¡Ay! Quien pudiera volver a ese pueblecito
para pasar mis días de sosiego,
en donde el tiempo parece haberse detenido
guardando años de historia,
anclado a orillas del río
cuyas aguas cristalinas…
incitaban a saborear su frescura alterando mis sentidos.
Calles de tierra grava,
casas aun levantadas en el eterno granito,
son adornadas con racimos de geranios
colgando de sus ventanas.
Esa casita donde el melodioso canto de la mañana
me despertaba suavemente,
la brisa suave y fresca,
alejaba la niebla gris amenazante
para dar paso al cielo azul e invitarme a pasear
por sus calles y entre su gente.
En donde tomé por costumbre cada mañana cuando salía a pasear,
tomar un vaso de leche recién ordeñada,
que el ganadero…
hombre de avanzada edad,
tez curtida por el Sol y el viento,
me ofrecía de buena gana.
En donde por sus calles… arriba o abajo,
ese olor a chimenea encendida
pasara por donde pasase,
despertaba el apetito.
Esa casita del pueblo,
en la que al abrir sus ventanas,
hacía que mis pupilas se dilatasen y
enamorasen al contemplar esplendorosos valles
e inhalar el frescor de los verdes prados.
Ese pueblecito,
donde el olor a tierra mojada llegaba a mis entrañas,
el aroma de nubes y hierba fresca se fundía con mi alma.
Donde la paz reinaba,
el silencio no mandaba,
al oírse el caudal del río caer por la ladera y
el trinar de los pájaros que siempre acompañaba.
¡Ay! Quien pudiera retornar a ese pueblecito para
ver caminar el manso fuego de estío hacia un ocaso radiante
y escuchar como habla el viento
en los álamos del río.
Volver a departir amenas conversaciones
junto a la gran chimenea donde quemaba troncos de roble
para que el calor llegase a todos los rincones.
Visto de esta manera,
no me queda otra que esperar y
mientras llega esa oportunidad…
en la rutina de cada noche,
cerraré mis ojos para sumirme en profundo sueño y
poder disfrutar aunque solo sea por unas horas,
todo cuanto ofrezca...ese Pueblo.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 18/08/2014
Letras que guardan recuerdos nos dejas querido amigo Luis,
recuerdos que llegan en forma de una sentida y bonita poesía
llena de sentimientos. Te felicito por tu talento poético que
nos hace disfrutar de una buena lectura, siempre es un placer
pasar a leerte. Besos y un abrazo. Tere
 
Quien ha vivido en un pueblo, nunca se puede olvidar de las muchas cosas buenas que aporta, ni punto de comparación con la cuidad, al menos para quienes nos gusta la naturaleza, la gente de bien, etc. Uno siempre tiene sueños de volver a los orígenes, a veces se consigue y otras no, pero lo conservamos en el corazón.
Un buen poema estimado Luis, un placer pasar por tus letras.
Un abrazo.
Muchas gracias Ricardo, lo disfrutaba cuando iba de vacaciones siendo jovial en un pueblo de Santander y es cierto, lo añoro mucho aunque sea de Madrid.
Fraternal abrazo preciado amigo y gran poeta Ricardo
 
Letras que guardan recuerdos nos dejas querido amigo Luis,
recuerdos que llegan en forma de una sentida y bonita poesía
llena de sentimientos. Te felicito por tu talento poético que
nos hace disfrutar de una buena lectura, siempre es un placer
pasar a leerte. Besos y un abrazo. Tere
Muchas gracias Tere por tus palabras, ese pueblecito lo disfrutaba en vacaciones siendo jovial cuando iba a Santander, en un pueblo que no pasaban de los 500 habitantes y hoy en día, lo añoro.
Gran abrazo preciada Tere y un besote.
 
¡Ay! Quien pudiera volver a ese pueblecito
para pasar mis días de sosiego,
en donde el tiempo parece haberse detenido
guardando años de historia,
anclado a orillas del río
cuyas aguas cristalinas…
incitaban a saborear su frescura alterando mis sentidos.
Calles de tierra grava,
casas aun levantadas en el eterno granito,
son adornadas con racimos de geranios
colgando de sus ventanas.
Esa casita donde el melodioso canto de la mañana
me despertaba suavemente,
la brisa suave y fresca,
alejaba la niebla gris amenazante
para dar paso al cielo azul e invitarme a pasear
por sus calles y entre su gente.
En donde tomé por costumbre cada mañana cuando salía a pasear,
tomar un vaso de leche recién ordeñada,
que el ganadero…
hombre de avanzada edad,
tez curtida por el Sol y el viento,
me ofrecía de buena gana.
En donde por sus calles… arriba o abajo,
ese olor a chimenea encendida
pasara por donde pasase,
despertaba el apetito.
Esa casita del pueblo,
en la que al abrir sus ventanas,
hacía que mis pupilas se dilatasen y
enamorasen al contemplar esplendorosos valles
e inhalar el frescor de los verdes prados.
Ese pueblecito,
donde el olor a tierra mojada llegaba a mis entrañas,
el aroma de nubes y hierba fresca se fundía con mi alma.
Donde la paz reinaba,
el silencio no mandaba,
al oírse el caudal del río caer por la ladera y
el trinar de los pájaros que siempre acompañaba.
¡Ay! Quien pudiera retornar a ese pueblecito para
ver caminar el manso fuego de estío hacia un ocaso radiante
y escuchar como habla el viento
en los álamos del río.
Volver a departir amenas conversaciones
junto a la gran chimenea donde quemaba troncos de roble
para que el calor llegase a todos los rincones.
Visto de esta manera,
no me queda otra que esperar y
mientras llega esa oportunidad…
en la rutina de cada noche,
cerraré mis ojos para sumirme en profundo sueño y
poder disfrutar aunque solo sea por unas horas,
todo cuanto ofrezca...ese Pueblo.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 18/08/2014
Nos apartamos de lo bueno para quedarnos con lo cómodo.
Hemos acertado?
El tiempo hará justicia.

La respuesta, algunos la conocemos: no es así?

Gracias por compartir tus bellos comentarios

Un abrazo

Alfonso Espinosa
 
Nos apartamos de lo bueno para quedarnos con lo cómodo.
Hemos acertado?
El tiempo hará justicia.

La respuesta, algunos la conocemos: no es así?

Gracias por compartir tus bellos comentarios

Un abrazo

Alfonso Espinosa
Santa razón tienes amigo mío y muy buena frase... El tiempo hará justicia. La respuesta bien que la conocemos Alfonso pero no demos pistas jajaja.
Gracias a ti siempre Alfonso
Gran abrazo
 

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