Escrito a mis nueve añitos

OvejaNegra

Poeta recién llegado
Lo cobijaba el recuerdo de una miserable vida, y el frío limpio y seco de aquel invierno tan triste. Con la mirada fija al vacío, respiró con una intención casi consoladora, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y rogaban un perdón que lo exculpara de su cobardía.
Entonces, saltó. Dejó caer su cuerpo a la nada, y por primera vez, sonrió sin duda alguna de no estar soñando. Aquel sentimiento de alivio era real. Real y casi amargo. Por un ínfimo instante, su decisión vaciló, haciéndole creer que la muerte no era salida a la incomprensión y a la fatiga que lo acosaba desde su más temprano recuerdo. Sin embargo, él, sabía mejor que nadie, que la única y verdadera cura a tanto dolor y sufrimiento era acabar con todo.
Su cuerpo se precipitó, manteniéndose en el aire apenas un par de segundos. Después, chocó contra el asfalto, que parecía esperarlo con ansia, y destrozó su cráneo y huesos por completo.


Nadie, jamás, llegó a comprender la desesperación que atormentaba a aquel chaval. Ni tan siquiera lo intentaron. Dieron por supuesto que sólo quería llamar la atención con sus llantos y actitud. Pero todos se equivocaron...
Así, acabó su triste historia, semejante a su existencia, entre gritos, vísceras y lágrimas.
 
Lo cobijaba el recuerdo de una miserable vida, y el frío limpio y seco de aquel invierno tan triste. Con la mirada fija al vacío, respiró con una intención casi consoladora, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y rogaban un perdón que lo exculpara de su cobardía.
Entonces, saltó. Dejó caer su cuerpo a la nada, y por primera vez, sonrió sin duda alguna de no estar soñando. Aquel sentimiento de alivio era real. Real y casi amargo. Por un ínfimo instante, su decisión vaciló, haciéndole creer que la muerte no era salida a la incomprensión y a la fatiga que lo acosaba desde su más temprano recuerdo. Sin embargo, él, sabía mejor que nadie, que la única y verdadera cura a tanto dolor y sufrimiento era acabar con todo.
Su cuerpo se precipitó, manteniéndose en el aire apenas un par de segundos. Después, chocó contra el asfalto, que parecía esperarlo con ansia, y destrozó su cráneo y huesos por completo.


Nadie, jamás, llegó a comprender la desesperación que atormentaba a aquel chaval. Ni tan siquiera lo intentaron. Dieron por supuesto que sólo quería llamar la atención con sus llantos y actitud. Pero todos se equivocaron...
Así, acabó su triste historia, semejante a su existencia, entre gritos, vísceras y lágrimas.
Muy hermosas y profundas son tus letras.
Que tengas un lindo comienzo de año.
Un cálido abrazo.
Siempreviva.
 

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