esthergranados
Poeta adicto al portal
La ciudad se estremece.
Se mueven los cimientos de las casas
Y tiemblan los cristales,
En las calles se van abriendo grietas
Dejando al descubierto sus entrañas.
Ríos de sangre emanan como lava caliente
Y recorren las calles tiñéndolas de muerte.
Temblad, que pasa el hombre,
Pasa con su armamento de ambiciones,
Erguido está, como si fuera un Dios,
Dispara y mata o muere
El hombre, siempre el hombre,
Como un depredador tan insaciable,
Tan hambriento de sangre, tan ávido de muerte
El hombre destruyendo lo que antes construyó,
Aniquilando a iguales, sin comprender siquiera
Que está matando al hijo, al hermano, a su padre,
Arrasando a su paso las espigas, las flores
Arrasando la vida, sembrando soledades.
Se mueven los cimientos de las casas
Y tiemblan los cristales,
En las calles se van abriendo grietas
Dejando al descubierto sus entrañas.
Ríos de sangre emanan como lava caliente
Y recorren las calles tiñéndolas de muerte.
Temblad, que pasa el hombre,
Pasa con su armamento de ambiciones,
Erguido está, como si fuera un Dios,
Dispara y mata o muere
El hombre, siempre el hombre,
Como un depredador tan insaciable,
Tan hambriento de sangre, tan ávido de muerte
El hombre destruyendo lo que antes construyó,
Aniquilando a iguales, sin comprender siquiera
Que está matando al hijo, al hermano, a su padre,
Arrasando a su paso las espigas, las flores
Arrasando la vida, sembrando soledades.
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