Vientos de pueblo
Vientos de pueblo me llaman,
vientos de paz y sosiego
al corazón reclaman
y empuja el alma.
No soy de un pueblo costero,
ni de montaña,
soy de un pueblo,
en donde las voces no tienen eco,
donde los vientos se quiebran
contra edificios que miran al cielo,
el sol traspasa a duras penas,
la espesa nube gris
que no es tal y envenena.
Donde el verdor de la primavera,
carece de brillo y solo brillan las aceras,
en donde los trinos del dulce gorrión,
a penas se hacen notar,
donde la voz,
se torna en misterio.
¡Ciudad!
selva de mi silencio,
carcelera sin cadenas,
donde no hallo alegría y si pena,
en donde la cigüeña, ya no anida
y los versos del poeta,
yacen por las esquinas.
¡Ciudad!
testigo de mi nacimiento,
selva de mi silencio,
déjame partir a un pueblo
en donde el frescor de la hierba, me abrace,
las ramas de gallardos abetos
que agitadas por el viento
me acompañen con sus notas musicales y
el sonido del manso riachuelo,
sea mi sosiego.
Donde la suave lluvia al caer sobre mi rostro,
me haga revivir de nuevo,
y el nadar en un piélago de flores
inhalando su cálido aroma,
sea mi paz.
Pasear bajo un mar de estrellas
mientras la luna con su vestido blanco
iluminando caminos y árboles esbeltos
me diga que no es un sueño.
Donde al despertar cada mañana,
lo primero en respirar,
sea la fragancia de la montaña,
lo primero en escuchar,
sea el trinar de las aves,
mientras el sol llama a la ventana,
despertando así un corazón dormido.
¡Ciudad!
selva de mi silencio,
déjame partir a un pueblo
donde pueda hallar sentido
aquello que sienta o piense,
pues aquí, está todo dicho,
todo hecho.
Luis
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