Mi Dios ha perdonado la congruencia
dejando que regrese mi locura
-tan dentro del bendito caradura-
en forma de una dulce penitencia.
Veremos que su vida se cimenta
con paños de algodones y cuidados...
Seremos los payasos, los soldados
que guarden su camino, lo que cuenta.
Ahora que llegó la bendición
agacho nuevamente la mirada
tocando su manita tan rosada
y presta a apretar sin dilación.
