Coronita de flores

ivoralgor

Poeta fiel al portal
Desperté súbitamente esa mañana. Lola, la jovencita que conocí la noche anterior, dormía plácidamente a mi costado derecho. La resaca me estaba matando. Mis casi cincuenta años ya no me daban para más. Busqué la Ranitidina en el cajón del buró para mitigar el ardor de estómago. A pesar de su juventud, Lola era una mujer complaciente y sabía satisfacer a un hombre. Después de dos matrimonios fallidos sólo me quedaba la necedad de satisfacer mi ego machista: coger como loco mientras me siguiera funcionando el negocio. Olvidé que ese día tenía una cita para ver a Pablo y Mariana, hijos de mi primer matrimonio. Los llevaría a comer al malecón de Progreso. Levántate, Lola, dije dándole unas palmaditas en sus nalgas firmes. Sólo oí un leve quejido y se enroscó para seguir durmiendo. Eran las diez de la mañana. Me tengo que ir, dije quitándole las sábanas y descubrir su desnudez canela. Qué se jodan mis hijos, pensé. Sacudí la cabeza y me fui al baño a darme un regaderazo. Lentamente se levantó Lola y entró al baño a orinar. Me sonrió antes de ponerse bajo el chorro de agua. Eres muy lindo, dijo mientras acariciaba mi sexo. Un rapidín, dije en mis adentros. Salimos sonrientes del baño. Nos vestimos y la fui a dejar a Plaza Altabrisa.

Camino a casa de mi ex-esposa recordé parte de la plática con Lola. Si digo que sí, ¿me vas a querer más que a las otras que has tenido?, preguntó sorbiendo la cerveza oscura. Reí como un estúpido y asentí con la cabeza. Sabía que no sería de esa manera: siempre he sido un lobo solitario. Sabes, continuó, espero que al menos no me olvides. Empezó a tararear una canción de Juan Luis Guerra:

…y tengo una curita en las venas
para que tu amor no me duela si ha de salir
prendo una velita en la esquina
de mi alma para no sufrirlo…


No recordaba por qué había dejado a mis dos ex-esposas, sólo sabía que ambas me dejaron casi en pelotas con el divorcio. Cuando llegué a la casa, mis hijos ya me esperaban desesperados en la puerta. Ambos vestían ropas de playa, sobrero y lentes de sol. Esta vez, Mariana se sentó en el asiento del copiloto y Pablo en la parte de los pasajeros. ¿Cómo están mis hermanitos?, soltó de súbito Mariana. No sé, dije encogiendo los hombros. Se ve que aún están chicos, pero espérate que crezcan un poco, soltó una carcajada. No le digas nada, replicó Pablo, otro día nos va a mandar a la chingada. Esbocé una leve sonrisa de satisfacción. Bueno, cambiado de tema, continuó, ¿Andas con alguien? ¿Cómo se llama? Abrió la bolsa que llevaba y sacó un lápiz labial. Nada serio, dije disimulando mi felicidad. Así dijiste con ¿Laura? ¿Perla? Como se llame esta tipa, dijo mirándose en el espejo que traía en la mano. Y vuelve la mula al trigo, replicó Pablo. ¡Ya! Me callo, finalizó Mariana.

La plática se fue diluyendo en sus estudios, la histeria de su madre, la novia que quería casarse antes de terminar la carrera, la soltería exquisita y otros temas menos relevantes. Comimos en Flamingos. La comida estuvo más o menos buena. En esos momentos me olvidé de Lola. Tomaba un des-empance cuando un tipo pasó con una ostentosa radio-grabadora.

…tengo una casita en el pecho
si acaso se te pierde un beso
mordido de abril
y una coronita de flores
para que te acuerdes de mí…


¿Es Juan Luis Guerra? Pregunté. Sí es, contestó Pablo. ¿Por qué? Preguntó extrañada Mariana. Por nada, dije sorbiendo el des-empance. La brisa mecía a las olas hipnóticamente. Lola me esperaría el viernes siguiente en el bar “Los alacranes”. Suspiré. Desgraciadamente, nadie le avisó que el miércoles me dio un paro cardiaco fulminante. Se quedaría esperando inútilmente mi llegada. Sé que me olvidará a pesar de que descansa en mi féretro una coronita de flores. Antes de dejarlos en la casa y después de que bajó Pablo, le dije a Mariana: el día que muera, por favor, haz una corona de flores variopintas y la dejas sobre mi féretro. Estás loco, papá, para eso falta mucho, dijo dándome un beso en la mejilla. Y tatareé:

…y una coronita de flores
para que te acuerdes de mí…


¡Loco lindo! Gritó Mariana antes de cerrar la puerta del copiloto y mandarme un beso volado.

 
Hay prosas ,( quizas muy pocas) de las que deberiamos de leer como esta, para quizas reflexionar un poco.Hay letras de canciones que se ha escrito pa uno/a. Sinc eramente me gusto. Siguenos regalandonos prosas que nos llegue como esta- Gracias por compartirla. ABRAZOS
 
Hay prosas ,( quizas muy pocas) de las que deberiamos de leer como esta, para quizas reflexionar un poco.Hay letras de canciones que se ha escrito pa uno/a. Sinc eramente me gusto. Siguenos regalandonos prosas que nos llegue como esta- Gracias por compartirla. ABRAZOS

Agradezco tus comentarios y que dejes tus huellas en mi prosa.

Seguiremos haciendo camino al andar...

Saludos.
 
Nos has regalado un hermoso trabajo. He hilvanado cada frase y a través de la narrativa, fui creando imágenes para comprender a cabalidad el tema manejado. Tu prosa lleva el sello de excelente. Un placer leerte. Saludos venezolanos.

http://www.mundopoesia.com/foros/blogs/joblam.27132/

Te agradezco el sello impuesto a mis letras.

Saludos mexicanos, fraternos de cabo a rabo.
 
Desperté súbitamente esa mañana. Lola, la jovencita que conocí la noche anterior, dormía plácidamente a mi costado derecho. La resaca me estaba matando. Mis casi cincuenta años ya no me daban para más. Busqué la Ranitidina en el cajón del buró para mitigar el ardor de estómago. A pesar de su juventud, Lola era una mujer complaciente y sabía satisfacer a un hombre. Después de dos matrimonios fallidos sólo me quedaba la necedad de satisfacer mi ego machista: coger como loco mientras me siguiera funcionando el negocio. Olvidé que ese día tenía una cita para ver a Pablo y Mariana, hijos de mi primer matrimonio. Los llevaría a comer al malecón de Progreso. Levántate, Lola, dije dándole unas palmaditas en sus nalgas firmes. Sólo oí un leve quejido y se enroscó para seguir durmiendo. Eran las diez de la mañana. Me tengo que ir, dije quitándole las sábanas y descubrir su desnudez canela. Qué se jodan mis hijos, pensé. Sacudí la cabeza y me fui al baño a darme un regaderazo. Lentamente se levantó Lola y entró al baño a orinar. Me sonrió antes de ponerse bajo el chorro de agua. Eres muy lindo, dijo mientras acariciaba mi sexo. Un rapidín, dije en mis adentros. Salimos sonrientes del baño. Nos vestimos y la fui a dejar a Plaza Altabrisa.

Camino a casa de mi ex-esposa recordé parte de la plática con Lola. Si digo que sí, ¿me vas a querer más que a las otras que has tenido?, preguntó sorbiendo la cerveza oscura. Reí como un estúpido y asentí con la cabeza. Sabía que no sería de esa manera: siempre he sido un lobo solitario. Sabes, continuó, espero que al menos no me olvides. Empezó a tararear una canción de Juan Luis Guerra:

…y tengo una curita en las venas
para que tu amor no me duela si ha de salir
prendo una velita en la esquina
de mi alma para no sufrirlo…


No recordaba por qué había dejado a mis dos ex-esposas, sólo sabía que ambas me dejaron casi en pelotas con el divorcio. Cuando llegué a la casa, mis hijos ya me esperaban desesperados en la puerta. Ambos vestían ropas de playa, sobrero y lentes de sol. Esta vez, Mariana se sentó en el asiento del copiloto y Pablo en la parte de los pasajeros. ¿Cómo están mis hermanitos?, soltó de súbito Mariana. No sé, dije encogiendo los hombros. Se ve que aún están chicos, pero espérate que crezcan un poco, soltó una carcajada. No le digas nada, replicó Pablo, otro día nos va a mandar a la chingada. Esbocé una leve sonrisa de satisfacción. Bueno, cambiado de tema, continuó, ¿Andas con alguien? ¿Cómo se llama? Abrió la bolsa que llevaba y sacó un lápiz labial. Nada serio, dije disimulando mi felicidad. Así dijiste con ¿Laura? ¿Perla? Como se llame esta tipa, dijo mirándose en el espejo que traía en la mano. Y vuelve la mula al trigo, replicó Pablo. ¡Ya! Me callo, finalizó Mariana.

La plática se fue diluyendo en sus estudios, la histeria de su madre, la novia que quería casarse antes de terminar la carrera, la soltería exquisita y otros temas menos relevantes. Comimos en Flamingos. La comida estuvo más o menos buena. En esos momentos me olvidé de Lola. Tomaba un des-empance cuando un tipo pasó con una ostentosa radio-grabadora.

…tengo una casita en el pecho
si acaso se te pierde un beso
mordido de abril
y una coronita de flores
para que te acuerdes de mí…


¿Es Juan Luis Guerra? Pregunté. Sí es, contestó Pablo. ¿Por qué? Preguntó extrañada Mariana. Por nada, dije sorbiendo el des-empance. La brisa mecía a las olas hipnóticamente. Lola me esperaría el viernes siguiente en el bar “Los alacranes”. Suspiré. Desgraciadamente, nadie le avisó que el miércoles me dio un paro cardiaco fulminante. Se quedaría esperando inútilmente mi llegada. Sé que me olvidará a pesar de que descansa en mi féretro una coronita de flores. Antes de dejarlos en la casa y después de que bajó Pablo, le dije a Mariana: el día que muera, por favor, haz una corona de flores variopintas y la dejas sobre mi féretro. Estás loco, papá, para eso falta mucho, dijo dándome un beso en la mejilla. Y tatareé:

…y una coronita de flores
para que te acuerdes de mí…


¡Loco lindo! Gritó Mariana antes de cerrar la puerta del copiloto y mandarme un beso volado.


Es apasionante leer este texto; el ambiente me es muy familiar y también el léxico y para acabarla, tengo una edad parecida. Tenes el don de un buen escritor de prosas, te felicito

Saludos
 
Es apasionante leer este texto; el ambiente me es muy familiar y también el léxico y para acabarla, tengo una edad parecida. Tenes el don de un buen escritor de prosas, te felicito

Saludos

Agradezco tus comentarios a mi cuento, y dejar tu huella en él, y a mi persona.

Saludos.
 

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