Isidro Dichter
Poeta recién llegado
Ha sido aquí, en estos montes elevados,
en las alturas de estos cerros alsacianos;
ha sido aquí donde vivió la muerte;
el paraje es aún sublime, aún solemne.
Hermanos en la fe, el francés y el alemán
se mataron aquí donde ahora crecen olmos.
Cavaron aquí sus trincheras en el lodo;
eran hombres sin un odio mutuo real.
A flor de tierra protubera un viejo alambre
espigado, diseñado y retorcido para herir;
aquí ha muerto, seguramente, algún hombre;
¡un hombre que no deseaba aún morir!
Hay viento. Me detengo y contemplo
las trincheras, que habrán sido un infierno.
Este bello bosque fue un gélido desierto;
más que en otros sitios, aquí hablan los muertos.
En el suelo está escrito que murieron demasiados;
hombres con amada, o a la sazón enamorados;
ingenuos seguidores de su ideal o su monarca;
hombres románticos, de una época acabada.
Me quito la gorra en un conmovido gesto;
me anega un gran duelo, un telúrico pesar.
¡Que Dios nos libre de otro crimen bélico!
Que Francia y Alemania vivan en fraternidad.
en las alturas de estos cerros alsacianos;
ha sido aquí donde vivió la muerte;
el paraje es aún sublime, aún solemne.
Hermanos en la fe, el francés y el alemán
se mataron aquí donde ahora crecen olmos.
Cavaron aquí sus trincheras en el lodo;
eran hombres sin un odio mutuo real.
A flor de tierra protubera un viejo alambre
espigado, diseñado y retorcido para herir;
aquí ha muerto, seguramente, algún hombre;
¡un hombre que no deseaba aún morir!
Hay viento. Me detengo y contemplo
las trincheras, que habrán sido un infierno.
Este bello bosque fue un gélido desierto;
más que en otros sitios, aquí hablan los muertos.
En el suelo está escrito que murieron demasiados;
hombres con amada, o a la sazón enamorados;
ingenuos seguidores de su ideal o su monarca;
hombres románticos, de una época acabada.
Me quito la gorra en un conmovido gesto;
me anega un gran duelo, un telúrico pesar.
¡Que Dios nos libre de otro crimen bélico!
Que Francia y Alemania vivan en fraternidad.
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