El camino verde

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El camino verde

Llueve, por el camino verde del bosque llueve, hay un aire acompañante meciendo el ramaje y sigo paseando bajo trémulos hilos de la lluvia sin importar mojarme, sintiendo como el agua resbala sobre mi cara, saciándome de su frescura, del sosiego que este frondoso camino me procura a cada paso lento que voy haciendo mientras observo a los pájaros que callaron su canto, que olvidaron su estribillo tratando de guarecerse de la brumosa y lluviosa mañana, donde al dominador silencio le acompaña la dulce melodía del golpeo del agua fina sobre el camino verde, donde bailan sutilmente los hilos de la lluvia que van y vienen y el río perdió su brillo.
¿Quién osa tocar el arpa de la lluvia tan dulcemente?
Es la tarde, en el camino verde oscurecido por la arboleda, sigue lloviendo, sigue el lento caminar observando este alma errante como lloran con fuerza las negras nubes de la primavera, golpeando al manso río que parece una olla hirviendo y al sauce y a la hiedra.
A lo lejos, se ven difuminadas las casas del pueblo, de donde salí con manos al bolsillo del abrigo por calles somnolientas y sombrías, por esquinas alumbradas con luces amarillentas, sin pasar por la solitaria fuente de la plaza como solía, sin que nadie me echara de menos, sin hacer ruido.
Hoy no vuelan blancas palomas bajo el azul del cielo, no se oye el eco del dulce trino de gorriones ni se ve al sol naciente dominando valles y riberas y los montes. Hoy no repican las centenarias campanas de la vieja ermita, las mismas que llamaban y siguen llamando cada día a misa, las mismas que repicaban yendo tú de blanco y yo de negro brillante mientras bajabas asida a mi brazo las desgastadas escaleras de piedra y que hoy, sigo subiendo y bajando, bajando y subiendo en solitario, de negro, de negro enlutado como el toro bravo que de luto nace y a la muerte no hace desplante.
Ya no llueve por el camino verde, las nubes se alejan del bosque desnudando al sempiterno, asoma la dama de blanco escoltada por estrellas y luceros paseando su figura sobre el agua trémula y vagabunda, hay gotas de cristal brillando cual luciérnagas, adornando las finas ramas del sombrío bosque mientras brota una dulce fragancia que sobre el camino se cierne y sigilosa se adentra en mis entrañas a la vez que alzo la mirada al frente buscándote entre el follaje, preguntándome...
¿De qué serviría volver a tenerte, si tus ojos miran otros amaneceres?
¿De qué servirían tus labios, si tus besos serían espinos cardos?
Hoy no quieres verme pero algún día vendrás, aunque sea tardío, lo sé,
cuando la soledad te abrigue y el ensordecedor silencio sea tu inseparable amigo,
cuando la nostalgia duerma en tu sueño, cuando tu mirada camine mirando el gris de las aceras y tus manos se aferren al vacío, vendrás, vendrás a verme entonando un treno y yo, te estaré esperando dentro, en la fría casa del cementerio.
Cayó la noche, se ha despertado un viento murmurando y hace frío, emprendo camino de regreso alzándome el cuello del abrigo, nada de cuanto hay aquí es mío, ni tan siquiera el aroma del camino que llevo alojado en mi alma, solo es mía la soledad, que a todas partes me acompaña.
El bosque se ha dormido, mí pensar aquí yace con la luna dormitando sobre el río.

Luis
Derechos reservados


Y ese bosque verde tan silencioso,
desprende momentos de soledad,
momento sutil para mis ojos,
y otra vez volver a empezar...
Un placer haber pasado, un beso.
 
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El camino verde

Llueve, por el camino verde del bosque llueve, hay un aire acompañante meciendo el ramaje y sigo paseando bajo trémulos hilos de la lluvia sin importar mojarme, sintiendo como el agua resbala sobre mi cara, saciándome de su frescura, del sosiego que este frondoso camino me procura a cada paso lento que voy haciendo mientras observo a los pájaros que callaron su canto, que olvidaron su estribillo tratando de guarecerse de la brumosa y lluviosa mañana, donde al dominador silencio le acompaña la dulce melodía del golpeo del agua fina sobre el camino verde, donde bailan sutilmente los hilos de la lluvia que van y vienen y el río perdió su brillo.
¿Quién osa tocar el arpa de la lluvia tan dulcemente?
Es la tarde, en el camino verde oscurecido por la arboleda, sigue lloviendo, sigue el lento caminar observando este alma errante como lloran con fuerza las negras nubes de la primavera, golpeando al manso río que parece una olla hirviendo y al sauce y a la hiedra.
A lo lejos, se ven difuminadas las casas del pueblo, de donde salí con manos al bolsillo del abrigo por calles somnolientas y sombrías, por esquinas alumbradas con luces amarillentas, sin pasar por la solitaria fuente de la plaza como solía, sin que nadie me echara de menos, sin hacer ruido.
Hoy no vuelan blancas palomas bajo el azul del cielo, no se oye el eco del dulce trino de gorriones ni se ve al sol naciente dominando valles y riberas y los montes. Hoy no repican las centenarias campanas de la vieja ermita, las mismas que llamaban y siguen llamando cada día a misa, las mismas que repicaban yendo tú de blanco y yo de negro brillante mientras bajabas asida a mi brazo las desgastadas escaleras de piedra y que hoy, sigo subiendo y bajando, bajando y subiendo en solitario, de negro, de negro enlutado como el toro bravo que de luto nace y a la muerte no hace desplante.
Ya no llueve por el camino verde, las nubes se alejan del bosque desnudando al sempiterno, asoma la dama de blanco escoltada por estrellas y luceros paseando su figura sobre el agua trémula y vagabunda, hay gotas de cristal brillando cual luciérnagas, adornando las finas ramas del sombrío bosque mientras brota una dulce fragancia que sobre el camino se cierne y sigilosa se adentra en mis entrañas a la vez que alzo la mirada al frente buscándote entre el follaje, preguntándome...
¿De qué serviría volver a tenerte, si tus ojos miran otros amaneceres?
¿De qué servirían tus labios, si tus besos serían espinos cardos?
Hoy no quieres verme pero algún día vendrás, aunque sea tardío, lo sé,
cuando la soledad te abrigue y el ensordecedor silencio sea tu inseparable amigo,
cuando la nostalgia duerma en tu sueño, cuando tu mirada camine mirando el gris de las aceras y tus manos se aferren al vacío, vendrás, vendrás a verme entonando un treno y yo, te estaré esperando dentro, en la fría casa del cementerio.
Cayó la noche, se ha despertado un viento murmurando y hace frío, emprendo camino de regreso alzándome el cuello del abrigo, nada de cuanto hay aquí es mío, ni tan siquiera el aroma del camino que llevo alojado en mi alma, solo es mía la soledad, que a todas partes me acompaña.
El bosque se ha dormido, mí pensar aquí yace con la luna dormitando sobre el río.

Luis
Derechos reservados
Gracias a todos por haber pasado por estas letras.
 
Preciosa prosa poetica muy bien narrada y desprende melancolía con unas excelentes imágenes y metáforas. Describe muy bien la soledad a través de la contemplación del paisaje. Te felicito por la calidad de tu prosa y te envío un abrazo amigo.
 
Preciosa prosa poetica muy bien narrada y desprende melancolía con unas excelentes imágenes y metáforas. Describe muy bien la soledad a través de la contemplación del paisaje. Te felicito por la calidad de tu prosa y te envío un abrazo amigo.
Estimada Paloma, no comprendo como no te he visto comentar, te ruego me disculpes amiga mía.
Muchas gracias por tus palabras Paloma.
Reiteró mis disculpas.
Un abrazo
 
Hermosa Prosa palabras y tema que me encantas gracias por compartirlo, estimado Luis un gusto especial leerte, tu amigo de siempre.
 
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El camino verde

Llueve, por el camino verde del bosque llueve, hay un aire acompañante meciendo el ramaje y sigo paseando bajo trémulos hilos de la lluvia sin importar mojarme, sintiendo como el agua resbala sobre mi cara, saciándome de su frescura, del sosiego que este frondoso camino me procura a cada paso lento que voy haciendo mientras observo a los pájaros que callaron su canto, que olvidaron su estribillo tratando de guarecerse de la brumosa y lluviosa mañana, donde al dominador silencio le acompaña la dulce melodía del golpeo del agua fina sobre el camino verde, donde bailan sutilmente los hilos de la lluvia que van y vienen y el río perdió su brillo.
¿Quién osa tocar el arpa de la lluvia tan dulcemente?
Es la tarde, en el camino verde oscurecido por la arboleda, sigue lloviendo, sigue el lento caminar observando este alma errante como lloran con fuerza las negras nubes de la primavera, golpeando al manso río que parece una olla hirviendo y al sauce y a la hiedra.
A lo lejos, se ven difuminadas las casas del pueblo, de donde salí con manos al bolsillo del abrigo por calles somnolientas y sombrías, por esquinas alumbradas con luces amarillentas, sin pasar por la solitaria fuente de la plaza como solía, sin que nadie me echara de menos, sin hacer ruido.
Hoy no vuelan blancas palomas bajo el azul del cielo, no se oye el eco del dulce trino de gorriones ni se ve al sol naciente dominando valles y riberas y los montes. Hoy no repican las centenarias campanas de la vieja ermita, las mismas que llamaban y siguen llamando cada día a misa, las mismas que repicaban yendo tú de blanco y yo de negro brillante mientras bajabas asida a mi brazo las desgastadas escaleras de piedra y que hoy, sigo subiendo y bajando, bajando y subiendo en solitario, de negro, de negro enlutado como el toro bravo que de luto nace y a la muerte no hace desplante.
Ya no llueve por el camino verde, las nubes se alejan del bosque desnudando al sempiterno, asoma la dama de blanco escoltada por estrellas y luceros paseando su figura sobre el agua trémula y vagabunda, hay gotas de cristal brillando cual luciérnagas, adornando las finas ramas del sombrío bosque mientras brota una dulce fragancia que sobre el camino se cierne y sigilosa se adentra en mis entrañas a la vez que alzo la mirada al frente buscándote entre el follaje, preguntándome...
¿De qué serviría volver a tenerte, si tus ojos miran otros amaneceres?
¿De qué servirían tus labios, si tus besos serían espinos cardos?
Hoy no quieres verme pero algún día vendrás, aunque sea tardío, lo sé,
cuando la soledad te abrigue y el ensordecedor silencio sea tu inseparable amigo,
cuando la nostalgia duerma en tu sueño, cuando tu mirada camine mirando el gris de las aceras y tus manos se aferren al vacío, vendrás, vendrás a verme entonando un treno y yo, te estaré esperando dentro, en la fría casa del cementerio.
Cayó la noche, se ha despertado un viento murmurando y hace frío, emprendo camino de regreso alzándome el cuello del abrigo, nada de cuanto hay aquí es mío, ni tan siquiera el aroma del camino que llevo alojado en mi alma, solo es mía la soledad, que a todas partes me acompaña.
El bosque se ha dormido, mí pensar aquí yace con la luna dormitando sobre el río.

Luis
Derechos reservados

Nostálgico texto, tiene su arte tu prosa. Buen tema
Un abrazo amigo
 
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El camino verde

Llueve, por el camino verde del bosque llueve, hay un aire acompañante meciendo el ramaje y sigo paseando bajo trémulos hilos de la lluvia sin importar mojarme, sintiendo como el agua resbala sobre mi cara, saciándome de su frescura, del sosiego que este frondoso camino me procura a cada paso lento que voy haciendo mientras observo a los pájaros que callaron su canto, que olvidaron su estribillo tratando de guarecerse de la brumosa y lluviosa mañana, donde al dominador silencio le acompaña la dulce melodía del golpeo del agua fina sobre el camino verde, donde bailan sutilmente los hilos de la lluvia que van y vienen y el río perdió su brillo.
¿Quién osa tocar el arpa de la lluvia tan dulcemente?
Es la tarde, en el camino verde oscurecido por la arboleda, sigue lloviendo, sigue el lento caminar observando este alma errante como lloran con fuerza las negras nubes de la primavera, golpeando al manso río que parece una olla hirviendo y al sauce y a la hiedra.
A lo lejos, se ven difuminadas las casas del pueblo, de donde salí con manos al bolsillo del abrigo por calles somnolientas y sombrías, por esquinas alumbradas con luces amarillentas, sin pasar por la solitaria fuente de la plaza como solía, sin que nadie me echara de menos, sin hacer ruido.
Hoy no vuelan blancas palomas bajo el azul del cielo, no se oye el eco del dulce trino de gorriones ni se ve al sol naciente dominando valles y riberas y los montes. Hoy no repican las centenarias campanas de la vieja ermita, las mismas que llamaban y siguen llamando cada día a misa, las mismas que repicaban yendo tú de blanco y yo de negro brillante mientras bajabas asida a mi brazo las desgastadas escaleras de piedra y que hoy, sigo subiendo y bajando, bajando y subiendo en solitario, de negro, de negro enlutado como el toro bravo que de luto nace y a la muerte no hace desplante.
Ya no llueve por el camino verde, las nubes se alejan del bosque desnudando al sempiterno, asoma la dama de blanco escoltada por estrellas y luceros paseando su figura sobre el agua trémula y vagabunda, hay gotas de cristal brillando cual luciérnagas, adornando las finas ramas del sombrío bosque mientras brota una dulce fragancia que sobre el camino se cierne y sigilosa se adentra en mis entrañas a la vez que alzo la mirada al frente buscándote entre el follaje, preguntándome...
¿De qué serviría volver a tenerte, si tus ojos miran otros amaneceres?
¿De qué servirían tus labios, si tus besos serían espinos cardos?
Hoy no quieres verme pero algún día vendrás, aunque sea tardío, lo sé,
cuando la soledad te abrigue y el ensordecedor silencio sea tu inseparable amigo,
cuando la nostalgia duerma en tu sueño, cuando tu mirada camine mirando el gris de las aceras y tus manos se aferren al vacío, vendrás, vendrás a verme entonando un treno y yo, te estaré esperando dentro, en la fría casa del cementerio.
Cayó la noche, se ha despertado un viento murmurando y hace frío, emprendo camino de regreso alzándome el cuello del abrigo, nada de cuanto hay aquí es mío, ni tan siquiera el aroma del camino que llevo alojado en mi alma, solo es mía la soledad, que a todas partes me acompaña.
El bosque se ha dormido, mí pensar aquí yace con la luna dormitando sobre el río.

Luis
Derechos reservados
Yo también tengo mi "camino verde"que me sosiega el alma los días de melancolía...Por eso he recorrido el tuyo con un gran placer dejándome llevar completamente por su poesía. Mi admiración poeta Luis. Amarilys
 
Yo también tengo mi "camino verde"que me sosiega el alma los días de melancolía...Por eso he recorrido el tuyo con un gran placer dejándome llevar completamente por su poesía. Mi admiración poeta Luis. Amarilys

Me alegra mucho amiga mía que tengas tu camino verde, ese camino que te abriga el alma cuando la nostálgia llama a tu mente pero más me alegraría si dejaras escrito esa melancolía rodeada del sosiego que brinda el camino.
Halagadoras palabras me otorgas Amarilys alegrándome que esta prosa-poética te haya gustado.
Honrado y agradecido por tu bella presencia.
Cordial saludo estimada poeta.
 
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El camino verde

Llueve, por el camino verde del bosque llueve, hay un aire acompañante meciendo el ramaje y sigo paseando bajo trémulos hilos de la lluvia sin importar mojarme, sintiendo como el agua resbala sobre mi cara, saciándome de su frescura, del sosiego que este frondoso camino me procura a cada paso lento que voy haciendo mientras observo a los pájaros que callaron su canto, que olvidaron su estribillo tratando de guarecerse de la brumosa y lluviosa mañana, donde al dominador silencio le acompaña la dulce melodía del golpeo del agua fina sobre el camino verde, donde bailan sutilmente los hilos de la lluvia que van y vienen y el río perdió su brillo.
¿Quién osa tocar el arpa de la lluvia tan dulcemente?
Es la tarde, en el camino verde oscurecido por la arboleda, sigue lloviendo, sigue el lento caminar observando este alma errante como lloran con fuerza las negras nubes de la primavera, golpeando al manso río que parece una olla hirviendo y al sauce y a la hiedra.
A lo lejos, se ven difuminadas las casas del pueblo, de donde salí con manos al bolsillo del abrigo por calles somnolientas y sombrías, por esquinas alumbradas con luces amarillentas, sin pasar por la solitaria fuente de la plaza como solía, sin que nadie me echara de menos, sin hacer ruido.
Hoy no vuelan blancas palomas bajo el azul del cielo, no se oye el eco del dulce trino de gorriones ni se ve al sol naciente dominando valles y riberas y los montes. Hoy no repican las centenarias campanas de la vieja ermita, las mismas que llamaban y siguen llamando cada día a misa, las mismas que repicaban yendo tú de blanco y yo de negro brillante mientras bajabas asida a mi brazo las desgastadas escaleras de piedra y que hoy, sigo subiendo y bajando, bajando y subiendo en solitario, de negro, de negro enlutado como el toro bravo que de luto nace y a la muerte no hace desplante.
Ya no llueve por el camino verde, las nubes se alejan del bosque desnudando al sempiterno, asoma la dama de blanco escoltada por estrellas y luceros paseando su figura sobre el agua trémula y vagabunda, hay gotas de cristal brillando cual luciérnagas, adornando las finas ramas del sombrío bosque mientras brota una dulce fragancia que sobre el camino se cierne y sigilosa se adentra en mis entrañas a la vez que alzo la mirada al frente buscándote entre el follaje, preguntándome...
¿De qué serviría volver a tenerte, si tus ojos miran otros amaneceres?
¿De qué servirían tus labios, si tus besos serían espinos cardos?
Hoy no quieres verme pero algún día vendrás, aunque sea tardío, lo sé,
cuando la soledad te abrigue y el ensordecedor silencio sea tu inseparable amigo,
cuando la nostalgia duerma en tu sueño, cuando tu mirada camine mirando el gris de las aceras y tus manos se aferren al vacío, vendrás, vendrás a verme entonando un treno y yo, te estaré esperando dentro, en la fría casa del cementerio.
Cayó la noche, se ha despertado un viento murmurando y hace frío, emprendo camino de regreso alzándome el cuello del abrigo, nada de cuanto hay aquí es mío, ni tan siquiera el aroma del camino que llevo alojado en mi alma, solo es mía la soledad, que a todas partes me acompaña.
El bosque se ha dormido, mí pensar aquí yace con la luna dormitando sobre el río.

Luis
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Querido Luis: Haces una brillante narrativa de lo que resulta ser un viaje melancólico por ese camino, el cual me parece como una metáfora de lo te circunda en esa soledad por la pérdida de la amada. Todo callado a tu alrededor, la lluvia vivificante, el propio camino, etc. Y al final la esperanza del reencuentro aunque este se de al final de ese camino.
Magnífica recreación de sentimientos salida de tu magistral pluma.
Recibe mi abrazo fuerte.
 

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