la musica en los balcones
Poeta recién llegado
No hay nada más peligroso que las convicciones, actúan como una cuerda tensa que separa y delimita lo aparente de tu realidad, y digo la tuya porque hay otras, hay otras gentes que a diario, sus creencias criterio y cabezonería definen sus vicisitudes y el devenir de sus dias; tú, cortés y educado lo aceptas, aunque su manera de pensar difiera antagónicamente de las tuya, tanto, que si no existiera la casualidad, probablemente jamás te las cruzarías en tu camino, a las personas digo. Esas criaturas humanas aborregadas que comparten contigo causalidad, porque somos causa de lo pasado y consecuencia de lo vivido, cohabitamos la misma tierra, comemos los mismos frutos, paseamos las mismas aceras, la misma luna, la misma bandera, el mismo sol, las mismas primaveras, nacemos de la misma manera y hasta el mismo final desvaído y mustio nos espera, nos atrae la misma belleza y nos separan las mismas guerras, nos dejan de sorprender las mismas atrocidades que se han quedado para siempre en nuestros intelectos, protegidas por ese recurrente término de amparo que tanto usan, tradición costumbre patrimonio de la humanidad o como lo quieran llamar, al final matamos al toro igual, con arte, si, porque la lidia es arte, a la fiesta le quitas la muerte, y es un baile con las sombras, una danza con la suerte, un pas de bourré valiente.
Y eso hago yo con mis coetáneos insurrectos, cuando les veo venir les pego una larga cambiá, un pase de pecho al natural, una media verónica y me envuelvo en una chicuelina corta para rematar, y con los más retrógrados, avanzo primero hasta la puerta de chiqueros y a puertagayola les espero, los toreo, si, pero sin el tercio de banderillas y sin meterles en el lomo con la puya, bastante pena la suya de no saberse toreados por los amos de la plaza del ruedo y del ganado. Pero yo juego, participo de este sangriento y dirigido circo aunque a ratitos me pierda muchacha de ojos tristes, pero no se que es peor, porque tu mirada me clava sin aliento rendido y entregado a tus ojos, como al inocente toro la punta del estoque en la arena del coso. Si a los toros que es el arte de la locura, pero sin muerte, que si muere no es arte, porque el arte, muchacha de ojos tristes, como el brillo en tu mirada, nunca muere, perdura.
Y eso hago yo con mis coetáneos insurrectos, cuando les veo venir les pego una larga cambiá, un pase de pecho al natural, una media verónica y me envuelvo en una chicuelina corta para rematar, y con los más retrógrados, avanzo primero hasta la puerta de chiqueros y a puertagayola les espero, los toreo, si, pero sin el tercio de banderillas y sin meterles en el lomo con la puya, bastante pena la suya de no saberse toreados por los amos de la plaza del ruedo y del ganado. Pero yo juego, participo de este sangriento y dirigido circo aunque a ratitos me pierda muchacha de ojos tristes, pero no se que es peor, porque tu mirada me clava sin aliento rendido y entregado a tus ojos, como al inocente toro la punta del estoque en la arena del coso. Si a los toros que es el arte de la locura, pero sin muerte, que si muere no es arte, porque el arte, muchacha de ojos tristes, como el brillo en tu mirada, nunca muere, perdura.