Évano
Libre, sin dioses.
Mientras vestían de pétalos
las mariposas del alba
nunca mis ojos miraron
florecer a la mañana.
Fueron abriles de vidrios,
de párpados sin ventanas,
trozos de diamantes gélidos
en las venas de mi magma.
Ahora, neones eléctricos,
desde el jardín de hojarasca,
titilan con luz herrumbre
y voz de luna hojalata.
Se cubren las mariposas
con sus capullos de capa,
ahora que soy dos cuencas,
dos ojos que me derraman
la sangre en la media noche
y el magma no es más que lágrima
modelando mi sepulcro
entre la lava de escarcha.
las mariposas del alba
nunca mis ojos miraron
florecer a la mañana.
Fueron abriles de vidrios,
de párpados sin ventanas,
trozos de diamantes gélidos
en las venas de mi magma.
Ahora, neones eléctricos,
desde el jardín de hojarasca,
titilan con luz herrumbre
y voz de luna hojalata.
Se cubren las mariposas
con sus capullos de capa,
ahora que soy dos cuencas,
dos ojos que me derraman
la sangre en la media noche
y el magma no es más que lágrima
modelando mi sepulcro
entre la lava de escarcha.
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