VAGANDO POR ESTOS MONTES (décimas provenzales)
Vagando por estos montes
sin más amor que sus vistas,
de tu cuerpo desprovistas,
observo los horizontes.
Y nada te trae a mí
y todo me lleva a ti
cuando escucho ese murmullo
que en las sombras se agiganta,
un eco que sin garganta
suena en mi mundo y el tuyo.
La tarde oscurece el día
anocheciendo de a pocos
las ansias y los sofocos
de mi penar y agonía.
Y vuelvo a pensar en ti
y en todo lo que perdí
cuando de exilio me hirieron.
Vendería, amor, mi alma
desterrada de la calma
que tus besos me trajeron.
Por estos montes discurro,
colección de soledades,
y a mi transitar añades
entre versos un susurro;
que a veces me grita, sí,
y otras calla que sentí
tu piel, tu roce, mi espada
en la lucha sempiterna
que mi corazón gobierna
y que acabó en tu mirada.
Caballero ya no soy;
solitario empedernido
es en lo que he devenido
desde entonces hasta hoy,
sin rey, sin corte, sin ti;
porque a muerte defendí
el honor que hice yo mío
agraviando al que agravió,
matando al que te mató
en sangriento desafío.
Mas con venganza no hallaron
ni paz ni gloria mis días,
todas las horas son frías
y hielo lo que dejaron.
En duelo fue que vencí
y es duelo lo que cumplí
desde entonces hasta ahora.
Doy por cumplida mi vida,
por perdida la partida,
ya no sirve más demora.
Abatieron nuestro vuelo,
sufro por ello condena
y no puedo con la pena
ni quiero encontrar consuelo.
Me voy porque ya me fui
el día que te perdí
y me encontré con la muerte;
la tuya la que dolió,
la suya la que alivió
pero no cambió mi suerte.
Si es verdad que hay dios y hay cielo
y justicia en este averno
que me cobije el invierno
en tus brazos y en tu suelo.
Ya todo me lleva a ti,
al alma que compartí
y a la que voy a buscar
ahora mismo, presto, raudo;
de lo que te di recaudo
para volverte a encontrar.