malco
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Equipo Revista "Eco y latido"
El cura
Erasè una vez un cura
de cierta iglesia monseñor
al que había que tener paciencia
cuando daba su sermón.
Una forma singular
de entender las escrituras
creaba en los feligreses dudas
extrañeza y confusiòn
y cuando el sacristán afligido
llamaba su atención
tenía la respuesta precisa
y no admitía corrección.
Cuando en las bodas de Canaan
Jesùs volvió al agua, vino
el cura en cuestión dijo:
que aquello no fue un milagro
que era un truco muy usado
en esos antiguos tiempos
y explicaré al momento
por que aquello no era vino
y escuchóse un rumor en pleno,
que era que en las tinajas
guardaban el agua donde lavaban
los trajes del nazareno.
Un domingo en la mañana
terminando la homilía
el cura en cuestión quería
llamar a la reflexión,
en la iglesia no cabía
ni un alma en un rincón
y con voz grave y elocuente
se dirigió a los creyentes
y haciendose una cruz en la frente
oid antes que os marchéis
arrepentíos ahora
de todos vuestros pecados
recordad que el resucitado
vino a este mundo a padecer
y nos fueran perdonados
nuestros malos haberes
y su sangre derramó,
apartemos de nuestras almas
la maldad y los placeres.
Y no debéis de olvidar
la corona de espinas
que de su frente sangre tinta
le hizo derramar,
ni tampoco el agrio vinagre
que le dieron a tomar,
ni con látigo los azotes
que su carne rasgó
ni las piedras ni los petardos
que con la cruz a cuestas
le lanzaban enardecidos
ignorantes descreidos
que con su maldad apestan.
Y como si aquello fuera poco
en sus duros corazones
pasaban bajo los aviones
enviándoles sus disparos
a dios gracias no le dieron
un disparo de ese tipo
y eso que iban bajito
pero no eran muy certeros,
intervino el sacristán
advirtiéndole el error
y como en otras ocasiones
corregir el entuerto hecho
padre, pero si no habían aviones
y sin atender razones
en voz alta le contesta
con un fervor muy devoto
¡Ah no!
y Poncio Piloto!
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