kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
INVIERNO
Preámbulo
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Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)
Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.
Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.
Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.
¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.
Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)
En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.
Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)
Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.
Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.
Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)
El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.
Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.
...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.
Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.
(…)
Y después más y más postales… La muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera (en invierno), las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…
Epílogo
La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas,
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años cubrirán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.
Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.
Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015
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