Invierno (postales)

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

INVIERNO

Preámbulo

http://www.mundopoesia.com/foros/temas/invierno-preambulo.559374

Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.


Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.



Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.


Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

(…)

Y después más y más postales… La muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera (en invierno), las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas,
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.

En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años cubrirán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015




 
Última edición:
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Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.


Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.



Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.


Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

(…)

Y después más y más postales… la muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera, las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas
con forma de sonrisa;
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años sembrarán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015
He aquí un manojo de postales poéticas que deslumbran los sentidos con su extraordinaria belleza; he aquí un ejemplo claro de poesía, del arte de versificar sin asomar siquiera un vestigio de compromiso con las formas; he aquí una obra poética que resume en gran parte el talento de su autor.
Aquí no hay un solo verso de métrica dudosa, no abunda lo insustancial, y el lirismo se recrea en terrenos que no todos somos capaces de transitar. Aquí no hay un solo epíteto inútil; sino un hijo que mira quiescente, un cristal mudo; unas velas que derraman miel, una noche con nervios, una noche que nieva blancos girasoles, unos ojos que liban aceite; aquí hay nubes que eclosionan y levitan tremulantes, auroras que germinan, siluetas alígeras que nos miran desde el cielo, cristales que brillan en la mirada, palabras amorosas que habitan en el lenguaje del rocío y en la luz de la madera, vida que sabe a musgo y a ribera...
En los cuartetos de «La semántica del silencio» nos compartes brevemente un arte poético personal que se enlaza nuevamente con la línea lírica de la obra en los tercetos. Y siguen apareciendo las hermosas figuras que terminan en unas descollantes reflexiones finales que son para leer, disfrutar y aprender de ellas.

¡Enhorabuena, Andreas, por tan elocuente y magnífico trabajo poético!
Un abrazo infinito.
 
Última edición por un moderador:
Ufff, Andreas, qué se puede decir ante tanta cantidad y calidad poética reunida. Pues que me parecen unas postales enormemente hermosas y brillantes. Sin desmerecer lo más mínimo a ninguna, me llegaron sobremanera la primera, la cuarta y el epílogo, pero el conjunto es absolutamente precioso.

No es nada habitual encontrar un poeta que escriba tan bien realismo y poesía clásica, y eso dice mucho de tu enorme talento y maestría. Mis aplausos, amigo. Un fuerte abrazo.
 
Cuatro descriptivas postales nos has dejado aquí, Andreas, con un añadido epílogo que conforman un conjunto poético de muchos quilates. Poco más te puedo decir que lo que te ha dejado Elhi en su muy acertado comentario al igual que Libra. Solo me queda dejarte mi más rendida admiración por tu talento poético.

Un cordialísimo saludo.

INVIERNO

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Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.


Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.



Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.


Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

(…)

Y después más y más postales… la muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera, las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas
con forma de sonrisa;
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años sembrarán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015



 
Última edición:
He aquí un manojo de postales poéticas que deslumbran los sentidos con su extraordinaria belleza; he aquí un ejemplo claro de poesía, del arte de versificar sin asomar siquiera un vestigio de compromiso con las formas; he aquí una obra poética que resume en gran parte el talento de su autor.
Aquí no hay un solo verso de métrica dudosa, no abunda lo insustancial, y el lirismo se recrea en terrenos que no todos somos capaces de transitar. Aquí no hay un solo epíteto inútil; sino un hijo que mira quiescente, un cristal mudo; unas velas que derraman miel, una noche con nervios, una noche que nieva blancos girasoles, unos ojos que liban aceite; aquí hay nubes que eclosionan y levitan tremulantes, auroras que germinan, siluetas alígeras que nos miran desde el cielo, cristales que brillan en la mirada, palabras amorosas que habitan en el lenguaje del rocío y en la luz de la madera, vida que sabe a musgo y a ribera...
En los cuartetos de «La semántica del silencio» nos compartes brevemente un arte poético personal que se enlaza nuevamente con la línea lírica de la obra en los tercetos. Y siguen apareciendo las hermosas figuras que terminan en unas descollantes reflexiones finales que son para leer, disfrutar y aprender de ellas.

¡Enhorabuena, Andreas, por tan elocuente y magnífico trabajo poético!
Un abrazo infinito.

¡Hola Elhi! El agradecimiento es mío por tu paso, y por tu siempre delicada y entregada lectura. Yo estoy de veras muy agradecido a la labor que prestáis en pro de la poesía, practicando la crítica constructiva de una forma ejemplar, y promoviendo discusiones en los que aficionados como yo sacamos un valiosísimo jugo con el que avanzar, y progresivamente practicar con una mayor libertad el arte de la poesía. Gracias por ello, compañero.
Francamente contento con la buena impresión que te llevaste por este puñado de versos, retales de mi vida.
Igualmente, un abrazo infinito.
 
Ufff, Andreas, qué se puede decir ante tanta cantidad y calidad poética reunida. Pues que me parecen unas postales enormemente hermosas y brillantes. Sin desmerecer lo más mínimo a ninguna, me llegaron sobremanera la primera, la cuarta y el epílogo, pero el conjunto es absolutamente precioso.

No es nada habitual encontrar un poeta que escriba tan bien realismo y poesía clásica, y eso dice mucho de tu enorme talento y maestría. Mis aplausos, amigo. Un fuerte abrazo.

Me alegra enormemente, Luis, tu opinión, sabes que es muy valiosa para mí.
Como no podía ser de otra forma, comparto contigo la debilidad por los poemas que mencionas, jaja
En un poema largo, como este, hay de todo. Me contento con que el resultado global haya sido de tu gusto. Buena señal.
Un abrazo, amigo, y sigue bien.
 
Cuatro descriptivas postales nos has dejado aquí, Andreas, con un añadido epílogo que conforman un conjunto poético de muchos quilates. Poco más te puedo decir que lo que te ha dejado Elhi en su muy acertado comentario al igual que Libra. Solo me queda dejarte mi más rendida admiración por tu talento poético.

Un cordialísimo saludo.

Estimado Juan, como le comentaba a Elhi, aprendo muchísimo de vuestra labor poética, empezando por las obras que publicáis, y siguiendo por los excelentes comentarios que se suscitan en muchos de vuestros temas. Gracias por ello.
Quedo muy agradecido por tu paso, y muy contento por que estos versos fueran de tu gusto.
Un saludo, compañero, y sigue muy bien.
 
Última edición:
La calidad poética de tu obra, la sensibilidad de la voz del poeta en cada verso, y el disfrute que regala a los sentidos la lectura de tus Postales, no me deja más que palabras de agradecimiento y admiración para expresarte.

Muchas gracias. Tu obra es magnífica, sí.

Un abrazo, Kalkbadam.
 
Última edición:
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Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.


Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.



Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.


Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

(…)

Y después más y más postales… la muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera, las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas
con forma de sonrisa;
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años sembrarán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015





Unas postales de una increible belleza poética, Kalkbadan, que son prueba de su excelente hacer poético, con todo lo dicho por los compañeros, solo me queda agradecerte que nos hayas compartido tu brillante trabajo.
Fellicidades, con mi admiración.
Saludos cordiales.
 
La calidad poética de tu obra, la sensibilidad de la voz del poeta en cada verso, y el disfrute que regala a los sentidos la lectura de tus Postales, no me deja más que palabras de agradecimiento y admiración para expresarte.

Muchas gracias. Tu obra es magnífica, sí.

Un abrazo, Kalkbadam.

Me alegro, Mujer de agua, de tu buena impresión, y de que encontrases la sensibilidad en las costuras de estos versos.
Un saludo, y muy buena semana.
 
Unas postales de una increible belleza poética, Kalkbadan, que son prueba de su excelente hacer poético, con todo lo dicho por los compañeros, solo me queda agradecerte que nos hayas compartido tu brillante trabajo.
Fellicidades, con mi admiración.
Saludos cordiales.

Estimada Isabel, cuánto me alegra tu lectura. Me alegro mucho de que te gustaran este puñado de versos, simplemente recuerdos asociados a instantes de dicha y desdicha, en su versión extrema.
Igualmente un saludo, y sigue bien.
 
Encuentro al fin un rato para sentarme en mi balcón, con un mate recién cebado, a paladear tus postales. Por comentarlas de a una, lo haré en la cita.

INVIERNO

Preámbulo

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Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.
Ya he comentado este soneto, aunque es cierto que se aprecia mejor en unidad con lo que le sigue.

Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.


Una hermosísima décima (que en endecas se parece tan poco a su hermanita octosílaba) plena de recuerdos infantiles navideños, ese olor de la canela... No tuve nieve en mi infancia, pero imagino la sensación que debe dar estar al abrigo cerca del hogar cuando afuera nieva... Me impactó la imagen «liban mis faroles», aludiendo seguramente a faroles reales de aquellas noches pero además a tus ojos que bebían el recuerdo, como aclaras en el remate del verso siguiente. Muy lindo, Andreas.


Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Otra hermosa décima, descriptiva hasta el verso seis de ese hermosísimo efecto de la nieve en la ventisca, como esos minúsculos copos crean en su multiplicidad un paisaje sublime. En los últimos cuatro versos, creo que nos cuentas del efecto de desnudez que sentimos ante esta sobrecogedora belleza natural.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.

Otra perfecta décima llena al paisaje con la humanidad de tu abuelo, embebido de él. El trabajo en la naturaleza crea una simbiosis curiosa, ¿no? Ese lenguaje que habita en el rocío y la madera, seguramente tejido de silencios...

Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

Ejemplo es este soneto de la dialéctica cuartetos vs. tercetos; mientras los cuartetos discurren sobre las virtudes del silencio (conceptos que comparto plenamente, incluso en el discurso musical: un artífice del silencio es Gustav Mahler), los tercetos ilustran el concepto con una semántica trágica del silencio, el silencio que es muerte.
(…)

Y después más y más postales… la muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera, las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas
con forma de sonrisa;
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años sembrarán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Una espléndida silva, Andreas, donde la imagen de la moneda ilustra tu síntesis de lo que es, para la mayoría de nosotros, el equilibrio de los dones. No sé si mi idea primitiva acerca de tu alusión al teorema central del límite era correcta, creo que no, pero algo hay de como las vicisitudes de la vida van finalmente confluyendo hacia cierta «normalidad». Vaya a saber si hay asuntos entrópicos en esto, a Lacan le encantaría la idea, pero lo cierto es que salvo casos extraños hay un balance y, como lo sugieres en los últimos tres versos, la sabiduría está en poner el goce del lado de la flor (que otros casos hay, existe Sade). La imagen del campo quemado por la rutina y los naranjales que germinan en su borde es suficientemente explícita, sin duda.
Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015




un enorme abrazo
Jorge
 
Última edición:
Andreas, vaya una maravilla que nos has dejado escrita . Estas postales personalísimas de tus inviernos son extraordinarias en cuanto a estructura y belleza.
Aplausos y felicitaciones poeta


INVIERNO

Preámbulo

http://www.mundopoesia.com/foros/temas/invierno-preambulo.559374

Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.


Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.



Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.


Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

(…)

Y después más y más postales… la muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera, las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas
con forma de sonrisa;
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años sembrarán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015



 
Encuentro al fin un rato para sentarme en mi balcón, con un mate recién cebado, a paladear tus postales. Por comentarlas de a una, lo haré en la cita.



un enorme abrazo
Jorge

¡Hola Jorge!
Me siento tremendamente honrado por este comentario. Me sobrepasó la sensitiva descripción que hiciste de este puñado de versos, y me costaba ofrecerte una respuesta a la altura de tu regalo.
Me emocionó cómo viste los penduleantes faroles ambarinos en la fachada de mi castillo, en aquella noche inclemente, pero inmensamente bella; ¡qué seguro me sentía allí sentado al calor de la lumbre, junto a mi abuela!
Efectivamente la clave está en decantarse por la flor..., aprovechando la desdicha como resorte para poner en valor a la vida.
Por lo demás, quiero darte las gracias por dedicar tu tiempo para leer y comentar este poema de la manera en que lo has hecho.

Un abrazo fuerte.

Andreas
 
Última edición:
INVIERNO

Preámbulo

http://www.mundopoesia.com/foros/temas/invierno-preambulo.559374

Postal I — Nacimiento
(Invierno de 1975)


Abedules, abetos, mucha noche,
nieve, frío, silencio, paz, y un grito...,
el de un niño abrazado al verso escrito
en el pecho azulado de tu broche.

Acudiste a su encuentro en un derroche
de pasión por vivir el infinito,
y en el vientre de aquel avión tu hijito
te miraba quiescente y sin reproche.

Al llegar lo sentiste con hondura...
Tras el mudo cristal os contemplaba
con la alquimia sin par de su ternura.

¡Era invierno y la noche galopaba
en el rayo de vuestra desmesura!
Era invierno... y la luna os envidiaba.


Postal II — La magia de la navidad
(Invierno de 1980)


En mis recuerdos flota la canela.
Las velas con sus mieles tornasolan
en mis lagos azules que enarbolan
los nervios de una noche que desvela.
La mano delicada de mi abuela
enreda en mi cabello la textura
de su aroma a canela... que perdura.
Nieva la noche blancos girasoles
y el aceite que liban mis faroles
es amor, es cobijo, y es ternura.



Postal III — Está nevando como nunca en el claro del bosque
(Invierno de 1982)


Retales de una nube eclosionada
levitan tremulantes en el claro;
oníricos fractales al amparo
de la brisa en la aurora germinada.
Y admiro la espiral de la cascada
que gira sin parar, ¡y gira y gira!,
y siento la belleza que me mira.
La siento tan cercana allá en el cielo...;
es ella quien descubre nuestro velo
con el canto inefable de su lira.

Emerge entre las blancas espirales
la alígera silueta de mi abuelo,
tan leve y poderosa, ¡tan riachuelo!,
hijo del bosque, prados y rosales.
En tu mirada brillan los cristales
del hielo y el granito, abuelo mío.
Habita tu lenguaje en el rocío
y en la atávica luz de la madera.
Tu vida sabe a musgo y a ribera,
...hoy te recuerdo, abuelo, junto al río.


Postal IV — La semántica del silencio
(Invierno de 1984)


El silencio no es mudo, dice tanto...
La palabra sin pausa es una orquesta
de retórica y ripios descompuesta,
y en el aliento morirá su canto.

Cuánto pierdes, palabra, ¡pero cuánto!,
sin la pausa en los bordes de tu cresta.
El silencio semántico es ballesta
con flechas de belleza, dicha y llanto.

...Recuerdo ahora cuando descolgaste
el teléfono, padre, aquel invierno:
el silencio absoluto, y su contraste.

Un vacío espectral de barro tierno
esculpía las notas del desastre
en la angustia de aquel silencio eterno.

(…)

Y después más y más postales… la muerte, el desamor, el amor, los hijos, el tiempo, el miedo, la primavera, las injusticias, las gaviotas, la obsesión, el mar, la rutina, la poesía, la vejez, la soledad…



Epílogo

La dicha y la desdicha
son las caras talladas en el plasma
de una misma moneda.
La una, deja un orgasmo musical
que suena en el caudal de nuestras venas
con forma de sonrisa;
la otra, un sabor a hierro granulado
que oxida el olmo mustio
que anida en nuestro pecho.
Es variable, la dicha, y aleatoria;
no nos sirve de mucho trampear
la moneda en su giro caprichoso:
evitar la entropía
poco tiene que ver
con la felicidad.
En ocasiones, sin aviso alguno,
un resabio metálico
repica en el aliento,
y otras, dándolo todo por perdido,
en la sombra alargada del ciprés
amanece un puñado de esperanzas.
Los años sembrarán nuestra pradera
con gramales quemados de rutina,
germinando en la luna de sus bordes
—de eso no cabe duda—
naranjales de pulpa perfumada
y manglares de ausente primavera.

Por ello, mis queridos compañeros,
que sirvan las espinas del rosal
para gozar del alma de sus rosas.

Kalkbadan
En Madrid, 2 de julio de 2015



Vine a rebuscar entre tus cosas y hallé un manojito de postales
que he disfrutado con café,cigarrillos y alguna lágrima.
¿y ahora qué te digo? Sin palabras, compañero,me quedé sin palabras...
Gracias por tu arte, por tu compañerismo,por tanto...
Un abrazo
 
Vine a rebuscar entre tus cosas y hallé un manojito de postales
que he disfrutado con café,cigarrillos y alguna lágrima.
¿y ahora qué te digo? Sin palabras, compañero,me quedé sin palabras...
Gracias por tu arte, por tu compañerismo,por tanto...
Un abrazo
¡Hola querida Rosario! Como siempre es un verdadero gusto que tus pupilas bellas acaricien mis versos, y especialmente que se claven precisamente en estos versos. Gracias, compañera.
 
¡Hola querida Rosario! Como siempre es un verdadero gusto que tus pupilas bellas acaricien mis versos, y especialmente que se claven precisamente en estos versos. Gracias, compañera.
Me hubiera gustado hacer un buen análisis de tus postales
pero mi capacidad no da para tanto, compañero,
por eso acudo de vez en cuando a disfrutar de las imágenes.Gracias.

Felices fiestas, querido Andreas,que la magia de la Navidad
te acompañe a ti y tu familia.Un abrazo
 
Me lo temía; Magníficas postales las que muestran sonetos, décimas, sentimientos e inviernos vividos a flor de piel. Trasladas tu sensibilidad al papel con una naturalidad que es de agradecer y aplaudir... me quedo con el regalo.
Un abrazo, poeta, un verdadero placer leerte y te deseo un estupendo 2016… con todas las estaciones.

¡Querido Alonso!
Gracias por la lectura, compa. ¡Igualmente te deseo lo mejor!
Un abrazo, amigo.
 

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