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La yegua castaña.

lesmo

Poeta veterano en el portal
Cómo recuerdo la yegua,
aquella que era castaña,
esa que con tanto brío
subía los montes de Alhama.

Qué bien montaba mi padre
su yegua cuando montaba,
tenía un porte gitano
con sombrero de ala ancha.

No necesitaba espuelas,
una caricia bastaba
para que fuera trotando
o para que galopara.

Llevaba floja la brida
para que no lastimara
el relincho de su boca
cuando un caballo encontraba.

Si estaba cruzando el río
y casi cubría el agua
parecía ir nadando
y nunca se le espantaba.

Cuánta nobleza a su lomo
tenía la yegua castaña
como aquella no habrá otra
solo faltaba que hablara.

Y la mimábamos todos
cuando llegaba a la cuadra
porque con agua del río
se refrescaban sus patas.

¿Estará por esos cielos
con mi padre a sus espaldas
galopando por las nubes
o volando con sus alas?
 
Última edición:
Tierno, aunque un poco triste demuestra el amor que puede sentirse por los animals. Me encanto. Felicidades poeta.
 
Excelente compañero
este canto de amor a esa yegua que permanece en tu recuerdo.
Un abrazo, te dejo una canción también de amor para un caballo.
Primero el poema, después la canción.
 
Excelente compañero
este canto de amor a esa yegua que permanece en tu recuerdo.
Un abrazo, te dejo una canción también de amor para un caballo.
Primero el poema, después la canción.
Agradezco en el alma tan elocuente comentario a mis letras. También agradezco muchísimo el regalo del poema y la canción de Atahualpa Yupanqui que no conocía. Es un verdadero placer para los sentidos esta composición dedicada a ese viejo alazán.
Con mi saludo va de nuevo todo mi agradecimiento.
 
Cómo recuerdo la yegua,
aquella que era castaña,
esa que con tanto brío
subía los montes de Alhama.

Qué bien montaba mi padre
su yegua cuando montaba,
tenía un porte gitano
con sombrero de ala ancha.

No necesitaba espuelas,
una caricia bastaba
para que fuera trotando
o para que galopara.

Llevaba floja la brida
para que no lastimara
el relincho de su boca
cuando un caballo encontraba.

Si estaba cruzando el río
y casi cubría el agua
parecía ir nadando
y nunca se le espantaba.

Cuánta nobleza a su lomo
tenía la yegua castaña
como aquella no habrá otra
solo faltaba que hablara.

Y la mimábamos todos
cuando llegaba a la cuadra
porque con agua del río
se refrescaban sus patas.

¿Estará por esos cielos
con mi padre a sus espaldas
galopando por las nubes
o volando con sus alas?
Lo que inspira la naturaleza, siempre es bello. Pena que la naturaleza la estemos olvidando.
Ahora los caballos están dentro de los motores...
He disfrutado con tu poema

Un abrazo

Alfonso
 
Un hermoso poema que tiene el pálpito y la esencia de la antigua poesía romancesca. La cita de Alhama, ciudad sublimada en otros versos comparables a estos tuyos, deja constancia de su espíritu inspirador. Felicidades.
miguel
Hermoso es este comentario con que se ven adornadas estas mis letras. Lo agradezco en el alma por lo amable, elegante y generoso que resulta.
Recibe, estimado poeta, mi más cordial saludo.
Salvador.
 
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