Évano
Libre, sin dioses.
Cálidos los ojos, esta tarde
de trinos de pájaros rupestres,
de ronroneos de neveras eléctricas,
de voces venidas de cavernas
de más allá de los párpados.
Esta tarde son niños con pinceles de agua
pintando en las paredes de carbón de un mundo
que siempre fue caverna.
Esta tarde de piedras de fuego,
los ojos son luces y sombras,
párpados talando pasos,
puentes y caminos del tiempo.
Esta tarde,
los ojos son hachas cortando
en rodajas los paisajes de una vida
que ahora rezuma churretes.
Cálida reposa la luz, esta tarde,
inquieta, a merced del sueño
de los pájaros muertos,
de los perros de polvo
al sol y carreteras inhóspitas.
Esta tarde,
los ojos son roncar de párpados al son
de pestañas como cuchillos blandiendo
remolinos de silencio en un aire
que va persiguiendo ladridos
asfixiantes de un perro de polvo.
Esta tarde late en la cabeza
la soledad del universo rota
en murciélagos de carbón eternos.
de trinos de pájaros rupestres,
de ronroneos de neveras eléctricas,
de voces venidas de cavernas
de más allá de los párpados.
Esta tarde son niños con pinceles de agua
pintando en las paredes de carbón de un mundo
que siempre fue caverna.
Esta tarde de piedras de fuego,
los ojos son luces y sombras,
párpados talando pasos,
puentes y caminos del tiempo.
Esta tarde,
los ojos son hachas cortando
en rodajas los paisajes de una vida
que ahora rezuma churretes.
Cálida reposa la luz, esta tarde,
inquieta, a merced del sueño
de los pájaros muertos,
de los perros de polvo
al sol y carreteras inhóspitas.
Esta tarde,
los ojos son roncar de párpados al son
de pestañas como cuchillos blandiendo
remolinos de silencio en un aire
que va persiguiendo ladridos
asfixiantes de un perro de polvo.
Esta tarde late en la cabeza
la soledad del universo rota
en murciélagos de carbón eternos.
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