Ni cuando perdió la casa
Lucio abandonó a su dueño,
cuantas veces lo adoptaron
corrió a su lado de nuevo.
Yo lo vi lamer sus penas,
consolar su desespero
y defender con sus dientes
la custodia de su sueño.
Compartir sus soledades,
sus penurias, su destierro,
durmiendo sobre cartones
y de techo, el firmamento.
Él afronta en los caminos
azotes de lluvia y viento
y cuando llega la noche,
se ovilla junto a su cuerpo.
Bajo un calor asfixiante,
cual Quijote y su escudero,
van dos escuálidas sombras
callejeando sus huesos.
Argumentan los creyentes:
-no tienen alma los perros-
no lo sé, pero hoy le he visto
vagando junto a su dueño.
Lucio abandonó a su dueño,
cuantas veces lo adoptaron
corrió a su lado de nuevo.
Yo lo vi lamer sus penas,
consolar su desespero
y defender con sus dientes
la custodia de su sueño.
Compartir sus soledades,
sus penurias, su destierro,
durmiendo sobre cartones
y de techo, el firmamento.
Él afronta en los caminos
azotes de lluvia y viento
y cuando llega la noche,
se ovilla junto a su cuerpo.
Bajo un calor asfixiante,
cual Quijote y su escudero,
van dos escuálidas sombras
callejeando sus huesos.
Argumentan los creyentes:
-no tienen alma los perros-
no lo sé, pero hoy le he visto
vagando junto a su dueño.
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