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Desde mi cárcel

Enrique Osorio

Poeta que considera el portal su segunda casa
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, éste

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que lleva el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
 
Última edición:
Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.
Sentidas y tristes letras del desespero, magistrales imágenes,un abrazo.
 
Un maravilloso poema, para la reflexión.
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, este

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que llevaría el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
 
Siento que tus versos describen ciertas situaciones de mi vida... no sé si asustarme o dejarme llevar...
Saludos amigo Javier! bueno, antes que nada gracias por estar compañero, muy contento de tu pasar. Ciertamente es una circunstancia de vida, yo, me de he dejado llevar Javier, no tengo en este hoy otro opción (si escribir es dejarse llevar para espantar los miedos...) por eso esta narrativa. Por un lado me alegra que coincidan situaciones, lástima que no sean buenas... Feliz día! un abrazo Javier, y hasta pronto.
 
Me gusta la fuerza de la narrativa.
Los versos describen con imágenes
un mundo de frustraciones
que dan impulso a la melancolía.
Un placer dejar mis saludos.
Saludos Joblam! acertado comentario Joblam, así es. Gracias por pasar y dejar tu comentario, siempre bienvenido, feliz tarde, y hasta pronto.
 
Compañero Osorio tu poesia es tan triste y melancolica que me llegado al corazón .te deseo lo mejor .
Buenos días Mary! ciertamente es así, ese el trasfondo de este escrito. Gracias por pasarte amiga Mary, por tus palabras! saludos, feliz día, siempre bienvenida, y hasta pronto.
 
Todos aún los más afortunados cargamos una cruz, la misma siempre o la cambiamos cada vez. Las penas pesan pero por suerte a veces duran lo que dura un poema
Un abrazo compañero de letras.
No hay duda Malena, todos la tenemos eventualmente o perenne esa cruz... gracias amiga! por estar, por tus mensajes. Feliz día! un abrazo, y hasta pronto.
 
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, este

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que lleva el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
Bello y claustrofóbico poema sobre alguien que se encierra en si mismo. Muy bueno amigo Enrique. Un abrazo. Paco.
 
Última edición:
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, este

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que lleva el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
El pasar por tus letras amigo Enrique es siempre poder disfrutar
de tu talento poético en forma de una bella poesía que llega al
lector para una buena lectura. Ha sido un placer el poder pasar
a leerte. Besos y un abrazo. Tere
 
El pasar por tus letras amigo Enrique es siempre poder disfrutar
de tu talento poético en forma de una bella poesía que llega al
lector para una buena lectura. Ha sido un placer el poder pasar
a leerte. Besos y un abrazo. Tere
Hola Tere! gracias! sabes? me encanta la narrativa, trato de hacerlo lo mejor posible, y saber que dejo algo de buen sabor de él, es para mí mucho! tus palabras son un gran gusto Tere! un abrazo, feliz día para ti, siempre bienvenida, saludos! y hasta pronto.
 
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, este

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que lleva el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
Magníficos versos Enrique Osorio, mis felicitaciones sinceras, te envio un fuerte abraso hermano poeta.
 
Felicitaciones, bellos versos llenos de grandes sentimientos para meditar, saludes, mis mejores deseos.
Amigo Marco! qué placer tenerlo nuevamente en mis letras, muchas gracias por tus magníficas palabras! saludos compañero, te dejo un abrazo, feliz tarde Marco, y hasta pronto.
 
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, este

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que lleva el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
Fuerza en las palabras, sentimiento en los versos. Poema que reconforta con su lectura. Un placer pasar por él. Mis saludos.
 
Con la noche a cuestas

el cuerpo cansado

el recinto oscuro y el día

por venir...

Con las puertas clausuradas

y la brisa artificial, las horas,

ésas horas del día, pero sin luz

que el mundo está pariendo

un nuevo despertar.

Y mientras tanto

detrás de las ventanas

el mundo es gris, los árboles

están en silencio

imprevisto surge el dolor

algunas lágrimas son derramadas...

Hay un reloj a mi izquierda

hace años no da la hora, este

ha muerto, pues

se le ha acabado el tiempo...

Allá afuera parece que llovieran cenizas

que caen del cielo las ruinas

que las sombras están en su justo

lugar.

Mis ojos desfallecen, necesitan

la opacidad del recinto, donde viven

las miradas, donde los abismos

se dejan ver.

Cierro los ojos

necesito la paz del silencio

con su techo de roble

de donde cuelgan las incineradas

memorias, hechas brasa y hollín

de tanto pensar en ellas...

El camino hasta aquí es oscuro

los perros no ladran, no aúllan

la muerte está lejos. La cuesta

tupida de miedo, ni modo caminar

por ella, ni con velas, no sea que

me confundan con la Santa Compaña.

Y mis ojos dispersos que deambulan

por las crines de la noche, sus orbes

rodean mi aposento

delante de los barrotes se esmeran

en su rito, su luz ciega mi mirada.

A lo lejos nubes fantasmales

duermen sobre las montañas, éstas

eran poseídas, su follaje se convertía

en la piel que lleva el manto

y a pesar de su semblante pálido

y agonizante, eran libres!

Mis manos intentaron acercarse

sentir su humedad, su frío, su flotar.

Desde mi cárcel el mundo sigue

que el miedo no está afuera, está

aquí adentro, dentro de mí, desde

la prohibida libertad que me da la vida

de no amar a quien amo

detrás de los barrotes de esta

circunstancia que me impide

volar tan lejos, hacia tus besos

hasta tus brazos.

Esta es mi cárcel! donde avisoro el miedo

la muerte y el silencio, los caminos

tenebrosos, que con libertad vagan

mientras mi amor sufre, y mi alma

en pena llora de tristeza esperando

la visita por caridad de alguna de estas

inoportunas compañías...


Enrique Osorio (JEOM)
10530328
Un paisaje íntimo lleno de tristeza que se hace sentir con cada verso, muy bella lectura, saludos cordiales.
 

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