lesmo
Poeta veterano en el portal
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.
Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.
Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡era más de medianoche
...y con aquella tormenta!
La soledad me embargaba,
sin nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre
con una rara insistencia.
Armándome de valor
hacia el hall me dirigí,
con mi mano temblorosa
decidí la puerta abrir.
La calle estaba vacía
con una plomiza niebla;
allí estaba, por el suelo,
una canasta de estera.
Envuelto con una manta
había un niño pequeño
con el rostro demacrado,
frío, arrugado y siniestro.
Una vez dentro de casa
aquel ser se despereza
y con horrible sonrisa
la dentadura me enseña.
Una voz aguardentosa
salió de la boca aquella,
con aliento pestilente:
“Tu última noche es esta”
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.
Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.
Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡era más de medianoche
...y con aquella tormenta!
La soledad me embargaba,
sin nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre
con una rara insistencia.
Armándome de valor
hacia el hall me dirigí,
con mi mano temblorosa
decidí la puerta abrir.
La calle estaba vacía
con una plomiza niebla;
allí estaba, por el suelo,
una canasta de estera.
Envuelto con una manta
había un niño pequeño
con el rostro demacrado,
frío, arrugado y siniestro.
Una vez dentro de casa
aquel ser se despereza
y con horrible sonrisa
la dentadura me enseña.
Una voz aguardentosa
salió de la boca aquella,
con aliento pestilente:
“Tu última noche es esta”
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