El miedo (15)

lesmo

Poeta veterano en el portal
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡era más de medianoche
...y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
sin nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre
con una rara insistencia.

Armándome de valor
hacia el hall me dirigí,
con mi mano temblorosa
decidí la puerta abrir.

La calle estaba vacía
con una plomiza niebla;
allí estaba, por el suelo,
una canasta de estera.

Envuelto con una manta
había un niño pequeño
con el rostro demacrado,
frío, arrugado y siniestro.


Una vez dentro de casa
aquel ser se despereza
y con horrible sonrisa
la dentadura me enseña.

Una voz aguardentosa
salió de la boca aquella,
con aliento pestilente:
“Tu última noche es esta”
 
Última edición:
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡Era más de medianoche
y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre,
el miedo llama a mi puerta.

Armándome de valor
me dirigí a la entrada
y con temblor en mi mano
decidí abrir la puerta.

En la calle no había nadie
y mirando hacia fuera
tan solo encontré en el suelo
una canasta de estera.

Dentro envuelto en una manta,
un niño pequeño era
con una cara tan rara
que parecía de cera.

Lo entré dentro de la casa,
inmóvil figura pequeña,
de repente una sonrisa
de afilados dientes era.

Con la voz aguardentosa
salió de la boca aquella
un pútrido aliento de muerte:
“Tu última noche es esta”
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡Era más de medianoche
y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre,
el miedo llama a mi puerta.

Armándome de valor
me dirigí a la entrada
y con temblor en mi mano
decidí abrir la puerta.

En la calle no había nadie
y mirando hacia fuera
tan solo encontré en el suelo
una canasta de estera.

Dentro envuelto en una manta,
un niño pequeño era
con una cara tan rara
que parecía de cera.

Lo entré dentro de la casa,
inmóvil figura pequeña,
de repente una sonrisa
de afilados dientes era.

Con la voz aguardentosa
salió de la boca aquella
un pútrido aliento de muerte:
“Tu última noche es esta”
Una vez releído, veo una auténtica película de miedo, con una transfiguración perfectamente tramada:
Ese niño que se vuelve un viejo anguloso y demoníaco.
Me ha encantado tu trabajo.

Un abrazo

Alfonso
 
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡Era más de medianoche
y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre,
el miedo llama a mi puerta.

Armándome de valor
me dirigí a la entrada
y con temblor en mi mano
decidí abrir la puerta.

En la calle no había nadie
y mirando hacia fuera
tan solo encontré en el suelo
una canasta de estera.

Dentro envuelto en una manta,
un niño pequeño era
con una cara tan rara
que parecía de cera.

Lo entré dentro de la casa,
inmóvil figura pequeña,
de repente una sonrisa
de afilados dientes era.

Con la voz aguardentosa
salió de la boca aquella
un pútrido aliento de muerte:
“Tu última noche es esta”

Espeluznante hallazgo Poeta, las tardes lluviosas a veces se traen sorpresas. Buen tema
Un saludo mi amigo
 
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡Era más de medianoche
y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre,
el miedo llama a mi puerta.

Armándome de valor
me dirigí a la entrada
y con temblor en mi mano
decidí abrir la puerta.

En la calle no había nadie
y mirando hacia fuera
tan solo encontré en el suelo
una canasta de estera.

Dentro envuelto en una manta,
un niño pequeño era
con una cara tan rara
que parecía de cera.

Lo entré dentro de la casa,
inmóvil figura pequeña,
de repente una sonrisa
de afilados dientes era.

Con la voz aguardentosa
salió de la boca aquella
un pútrido aliento de muerte:
“Tu última noche es esta”
Hermoso romance que plasma tus sentimientos de miedo que he disfrutado leyéndote. Yo también tengo miedo muchas veces. Un abrazo amigo.
 
¡Caramba!, Salvador, veo que yo no era el único distraído cuando tú publicaste estas coplas arromanzadas en la tensón. El tema de los niños siniestros, en este caso encarnando a la muerte, ha sido bien aprovechado en la narrativa de terror: es que realmente resulta sobrecogedor imaginar a un niño como anunciador de la muerte...
te dejo alguna nota en la cita
abrazo
J.
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡Era más de medianoche (minúscula )
y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
sin nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre
con una rara insistencia.

Armándome de valor
hacia el hall me dirigí (coma final)
con mi mano temblorosa
decidí la puerta abrir.

En la calle no había nadie (9 sílabas)
y asomándome hacia fuera
tan solo encontré en el suelo
una canasta de estera.

Envuelto con una manta
había un niño pequeño
con un rotro demacrado, («el rostro»)
frío, arrugado y siniestro.


Una vez dentro de casa
aquel ser se despereza
y con horrible sonrisa
la dentadura me enseña.

Una voz aguardentosa
salió de la boca aquella (coma final)
con aliento pestilente:
“Tu última noche es esta”
 
Última edición:
En una noche lluviosa
con relámpagos y truenos
estaba tranquilamente
en mi despacho escribiendo.

Por la ventana de pronto
entraba una luz extraña
y como en un sobresalto
se me erizaba la espalda.

Casi a la vez se oyó el timbre,
alguien llamaba a la puerta,
¡Era más de medianoche
y con aquella tormenta!

La soledad me embargaba,
sin nadie en la casa aquella.
De nuevo sonaba el timbre
con una rara insistencia.

Armándome de valor
hacia el hall me dirigí
con mi mano temblorosa
decidí la puerta abrir.

En la calle no había nadie
y asomándome hacia fuera
tan solo encontré en el suelo
una canasta de estera.

Envuelto con una manta
había un niño pequeño
con un rotro demacrado,
frío, arrugado y siniestro.


Una vez dentro de casa
aquel ser se despereza
y con horrible sonrisa
la dentadura me enseña.

Una voz aguardentosa
salió de la boca aquella
con aliento pestilente:
“Tu última noche es esta”
Ciertamente, tampoco yo te había descubierto, querido Salvador, un despiste imperdonable, Poeta. Terrorífica imagen, nos muestras, de la muerte vestida de niño, que encoge el alma, por qué será que nada nos aterra más que la visión del espíritu de un niño, pálido, demacrado ...el miedo debe conocer bien nuestros peores terrores y tú los has dibujado en tus versos de tal manera que se me eriza la piel. Aunque tarde , te felicito por estas coplas al miedo.
Disculpa este retraso, aunque bien dicen que: Nunca es tarde si la dicha es buena.
Un enorme abrazo, querido amigo.
Isabel.
 
Última edición:
¡Caramba!, Salvador, veo que yo no era el único distraído cuando tú publicaste estas coplas arromanzadas en la tensón. El tema de los niños siniestros, en este caso encarnando a la muerte, ha sido bien aprovechado en la narrativa de terror: es que realmente resulta sobrecogedor imaginar a un niño como anunciador de la muerte...
te dejo alguna nota en la cita
abrazo
J.
Muchas gracias, querido Jorge, por acudir a esta propuesta en la que dejas tu amable huella. Efectivamente la imagen candorosa de un niño que se transforma en un ser terrorífico es algo que siempre me ha llamado la atención. La inocencia mutando en lo terrible...
Editados los versos y corregidos según tus indicaciones.
Con mi abrazo,
Salvador.
 
Ciertamente, tampoco yo te había descubierto, querido Salvador, un despiste imperdonable, Poeta. Terrorífica imagen, nos muestras, de la muerte vestida de niño, que encoge el alma, por qué será que nada nos aterra más que la visión del espíritu de un niño, pálido demacrado ...el miedo debe conocer bien nuestros peores terrores y tú los has dibujado en tus versos de tal manera que se me eriza la piel.Aunque tarde , te felicito por estas coplas al miedo.
Disculpa este atraso , aunque bien dicen dicen que: Nuca es tarde si la dicha es buena
Un enorme abrazo.
Isabel.
Muchas gracias, querida Isabel, por este nuevo y amable comentario con que llegas a mis letras. Te agradezco también todas tus apreciaciones que envuelves en ese halo de generosa amistad. Como le he comentado al compañero Musador, siempre me llamó la atención esa imagen del niño casi recién nacido que sonríe y enseña una pútrida dentadura y exhala su aliento pestilente. Algo terrorífico, ciertamente.
Te mando mi abrazo muy fuerte, querida amiga.
Salvador.
 
Muchas gracias, querido Jorge, por acudir a esta propuesta en la que dejas tu amable huella. Efectivamente la imagen candorosa de un niño que se transforma en un ser terrorífico es algo que siempre me ha llamado la atención. La inocencia mutando en lo terrible...
Editados los versos y corregidos según tus indicaciones.
Con mi abrazo,
Salvador.
Te queda agregar la «s» de «rostro»... Creo que la fecha de tu publicación explica un poco la distracción de Isabel y la mía: estábamos en medio del lío que se armó causa del aniversario de la tensón...

abrazo
 

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