Ad Libitum
Poeta recién llegado
"A mí no me violó un hombre.
A mí me violó una familia,
un padre violando cada noche a una madre
en el cuarto de al lado
de una criatura
que aprendía a vivir.
Me violó una cadena local
televisando cada noche,
después de las dos
una tonelada de porno mainstream
de mujeres tragando lágrimas y semen
frente a los ojos vírgenes de un niño
que intentaba acallar al insomnio
de los gritos de auxilio cada noche
de su madre
en el cuarto de al lado.
/Yo también, dos calles al fondo
viendo a la misma hora la misma cadena/
No fue un hombre.
Me violó toda una sociedad entera
diciéndole cómo había que ser para ser un hombre.
Esa sociedad entera
fue la que,
en lengua y brazos
de un niño de 6 años
cogió mi cuerpo de cinco
en ese castillo abandonado
y me mordió los labios gritando
"APRENDE A BESAR, ZORRA"
mientras me abría entre las piernas
el dolor que aún perdura.
A mí no me violó ese niño aquella noche.
Me violaron todos los que me señalaron con el dedo
todos los días y los meses y los años venideros.
Y ese policía
que tuvo los cojones
de decirle a la cara
a una madre
mi madre
"Lo siento, señora,
no vale la pena denunciar,
esas cosas las hemos hecho todos,
no son más
que
juegos
de
niños."
A mí me violó una familia,
un padre violando cada noche a una madre
en el cuarto de al lado
de una criatura
que aprendía a vivir.
Me violó una cadena local
televisando cada noche,
después de las dos
una tonelada de porno mainstream
de mujeres tragando lágrimas y semen
frente a los ojos vírgenes de un niño
que intentaba acallar al insomnio
de los gritos de auxilio cada noche
de su madre
en el cuarto de al lado.
/Yo también, dos calles al fondo
viendo a la misma hora la misma cadena/
No fue un hombre.
Me violó toda una sociedad entera
diciéndole cómo había que ser para ser un hombre.
Esa sociedad entera
fue la que,
en lengua y brazos
de un niño de 6 años
cogió mi cuerpo de cinco
en ese castillo abandonado
y me mordió los labios gritando
"APRENDE A BESAR, ZORRA"
mientras me abría entre las piernas
el dolor que aún perdura.
A mí no me violó ese niño aquella noche.
Me violaron todos los que me señalaron con el dedo
todos los días y los meses y los años venideros.
Y ese policía
que tuvo los cojones
de decirle a la cara
a una madre
mi madre
"Lo siento, señora,
no vale la pena denunciar,
esas cosas las hemos hecho todos,
no son más
que
juegos
de
niños."