En el aire aúllan oxidas trizas de piel, a la deriva
queda el ancla, ya naufrago de timón.
Madera carcomida por el musgo
una vela de azul quemado.
Una estela de sangre y fuego adorna
el rio vacío que entre mundos flota
suspendido en el barranco hacia el universo.
Y, como roto por una brisa de mugre
es el horizonte de aquellas últimas piedras.
Venerado por muchos es, cerrado
se desplomaba contra el suelo verde.
Roto en el suelo el semihalo de oro,
Abría el mundo a ser creado.
queda el ancla, ya naufrago de timón.
Madera carcomida por el musgo
una vela de azul quemado.
Una estela de sangre y fuego adorna
el rio vacío que entre mundos flota
suspendido en el barranco hacia el universo.
Y, como roto por una brisa de mugre
es el horizonte de aquellas últimas piedras.
Venerado por muchos es, cerrado
se desplomaba contra el suelo verde.
Roto en el suelo el semihalo de oro,
Abría el mundo a ser creado.