Tras el Fénix.

ErChino

Poeta recién llegado
En el aire aúllan oxidas trizas de piel, a la deriva

queda el ancla, ya naufrago de timón.

Madera carcomida por el musgo

una vela de azul quemado.

Una estela de sangre y fuego adorna

el rio vacío que entre mundos flota

suspendido en el barranco hacia el universo.

Y, como roto por una brisa de mugre

es el horizonte de aquellas últimas piedras.

Venerado por muchos es, cerrado

se desplomaba contra el suelo verde.

Roto en el suelo el semihalo de oro,

Abría el mundo a ser creado.
 

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