Anne_
I killed Bukowski.
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”
Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)
Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.
II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.
III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.
IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.
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