Un poema largo para una ciudad improvisada.

Anne_

I killed Bukowski.
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​
 
Última edición:
Que forma de escribir, de plasma la impotencia, porque no perteneces a ese mundo injusto, aunque digas lo contrario, allí no perteneces, es injusto
 
Que forma de escribir, de plasma la impotencia, porque no perteneces a ese mundo injusto, aunque digas lo contrario, allí no perteneces, es injusto

Si pertenezco, de hecho, de ahí broté, no fue aquí, pero mundos injustos hay en todas partes, yo caí en una de esas partes, y de ahí broté, de la suciedad, del vómito, de la miseria, del robo, de la basura, del frío, etc etc... Ahora que estoy aquí otra vez, me molesta en gran manera el que se intente vender la imagen de esta ciudad, e incluso todo el maldito país, como si fuera un puto paraíso de gente amable y comida de los dioses y celebraciones maravillosas. El Perú tiene la tasa más alta de delincuencia de Latino América, Lima es la ciudad más contaminada de Latino América, la ciudad está reventando de gente que migra de las provincias para encontrar empleo, y no lo encuentra, y recurre al trabajo informal, que es el 80% de la población limeña, y ese trabajo informal, es atestar las calles de comercio ambulatorio de comida al paso en carretillas bajo los 30 grados de calor, vendedores de helado, mercados improvisados a la mitad de la pista llenos de agua sucia, las verduras en el piso, la fruta, los pollos dando vueltas por ahí, y a todo esto, hay que sumarle el transporte público dado por empresas informales que lanzan las unidades a las calles y matan gente todos los días, unidades deplorables saturadas de música popular a todo volumen mientras la gente va colgada de las puertas porque ya no hay espacio y siguen subiendo, hay tanta gente, que viven en los cerros, no hablo de casas bonitas, hablo de invasiones de millones de personas construyendo chozas en los cerros, si ud va al norte por la carretera panamericana, en la noche verá un mar de luces amarillas que inundan la oscuridad del horizonte, un mar sin fin, son las luces de todos los distritos marginales y populares, que pueblan los cerros, los arenales, la gente construye donde quiere, como quiere, y cuando quiere, cruza la pista a la mitad de la calle toreando los carros, las conexiones de los postes parecen telas de araña que salen de los edificios, hace ya muchos años una amiga de mi amiga comentó "estos serranos vienen a tomarse fotos a mi distrito, y ni siquiera nosotros lo hacemos" y sabe qué, es verdad, la gente pobre es la que va a los barrios a tomarse fotos y pasear, y claro pues, si sus barrios están satinados de suciedad, claro que después se lo dije, y se quedó callada.
Lima es una ciudad al paso, improvisada, informal, todo está hecho al azar, y la gente ya no considera eso una falencia, si no una identidad, la idiosincracia, el "así es p' " .
Yo también crecí en un cerro, pero en ese cerro las casas son de 2 cuadras cada una, hay subida para autos, ciclovías, y sólo se entra con DNI, y nadie camina, por eso no hay veredas, y me pregunto, ¿ Por qué ese cerro si, y el de ellos no?, hoy en día la población que mueve económicante la ciudad, es la de los barrios marginales, porque manejan plata que da miedo, pero siguen viviendo en ese cerro cochino lleno de tierra y perro carachosos y delincuentes y polladas y fiestas patronales, y bautizos que duran 3 días, y mercados improvisados, y se quejan de que el estado no se fija en ellos, claro que el estado se fija en ellos, pero ¿ellos se fijan en ellos mismos? ...Mmm.
 
Si pertenezco, de hecho, de ahí broté, no fue aquí, pero mundos injustos hay en todas partes, yo caí en una de esas partes, y de ahí broté, de la suciedad, del vómito, de la miseria, del robo, de la basura, del frío, etc etc... Ahora que estoy aquí otra vez, me molesta en gran manera el que se intente vender la imagen de esta ciudad, e incluso todo el maldito país, como si fuera un puto paraíso de gente amable y comida de los dioses y celebraciones maravillosas. El Perú tiene la tasa más alta de delincuencia de Latino América, Lima es la ciudad más contaminada de Latino América, la ciudad está reventando de gente que migra de las provincias para encontrar empleo, y no lo encuentra, y recurre al trabajo informal, que es el 80% de la población limeña, y ese trabajo informal, es atestar las calles de comercio ambulatorio de comida al paso en carretillas bajo los 30 grados de calor, vendedores de helado, mercados improvisados a la mitad de la pista llenos de agua sucia, las verduras en el piso, la fruta, los pollos dando vueltas por ahí, y a todo esto, hay que sumarle el transporte público dado por empresas informales que lanzan las unidades a las calles y matan gente todos los días, unidades deplorables saturadas de música popular a todo volumen mientras la gente va colgada de las puertas porque ya no hay espacio y siguen subiendo, hay tanta gente, que viven en los cerros, no hablo de casas bonitas, hablo de invasiones de millones de personas construyendo chozas en los cerros, si ud va al norte por la carretera panamericana, en la noche verá un mar de luces amarillas que inundan la oscuridad del horizonte, un mar sin fin, son las luces de todos los distritos marginales y populares, que pueblan los cerros, los arenales, la gente construye donde quiere, como quiere, y cuando quiere, cruza la pista a la mitad de la calle toreando los carros, las conexiones de los postes parecen telas de araña que salen de los edificios, hace ya muchos años una amiga de mi amiga comentó "estos serranos vienen a tomarse fotos a mi distrito, y ni siquiera nosotros lo hacemos" y sabe qué, es verdad, la gente pobre es la que va a los barrios a tomarse fotos y pasear, y claro pues, si sus barrios están satinados de suciedad, claro que después se lo dije, y se quedó callada.
Lima es una ciudad al paso, improvisada, informal, todo está hecho al azar, y la gente ya no considera eso una falencia, si no una identidad, la idiosincracia, el "así es p' " .
Yo también crecí en un cerro, pero en ese cerro las casas son de 2 cuadras cada una, hay subida para autos, ciclovías, y sólo se entra con DNI, y nadie camina, por eso no hay veredas, y me pregunto, ¿ Por qué ese cerro si, y el de ellos no?, hoy en día la población que mueve económicante la ciudad, es la de los barrios marginales, porque manejan plata que da miedo, pero siguen viviendo en ese cerro cochino lleno de tierra y perro carachosos y delincuentes y polladas y fiestas patronales, y bautizos que duran 3 días, y mercados improvisados, y se quejan de que el estado no se fija en ellos, claro que el estado se fija en ellos, pero ¿ellos se fijan en ellos mismos? ...Mmm.


Me dejas sin palabras muchacha. Te entiendo tanto pero tanto que no lo imaginas. Por eso me molestan los que se quejan por cualquier cosa, los que lloran por mierdas, entonces te miro y veo esos ojazos lindos y me duele, si Valerie me duele; te mando un beso
 
Me dejas sin palabras muchacha. Te entiendo tanto pero tanto que no lo imaginas. Por eso me molestan los que se quejan por cualquier cosa, los que lloran por mierdas, entonces te miro y veo esos ojazos lindos y me duele, si Valerie me duele; te mando un beso

Lo de los ojazos lindos es indiscutible, así es cuando una... Jjajajajajajj
Podemos quejarnos u organizarnos y hacer lo que los comunistas jamás han hecho, comunismo, reparar las veredas nosotrxs mismxs, cuidar los parques, no enseñarles a los niños a orinar a la mitad de la calle, etc etc, todos tenemos el derecho de quejarnos de lo que nos de la gana, pero quizá haciendo estas cosas, empecemos a quejarnos de lo que importa, o quejarnos menos y solucionar más. No sé, algo así.
 
Me dejas sin palabras muchacha. Te entiendo tanto pero tanto que no lo imaginas. Por eso me molestan los que se quejan por cualquier cosa, los que lloran por mierdas, entonces te miro y veo esos ojazos lindos y me duele, si Valerie me duele; te mando un beso

Lo de los ojazos lindos es indiscutible, así es cuando una... Jjajajajajajj
Podemos quejarnos u organizarnos y hacer lo que los comunistas jamás han hecho, comunismo, reparar las veredas nosotrxs mismxs, cuidar los parques, no enseñarles a los niños a orinar a la mitad de la calle, etc etc, todos tenemos el derecho de quejarnos de lo que nos de la gana, pero quizá haciendo estas cosas, empecemos a quejarnos de lo que importa, o quejarnos menos y solucionar más. No sé, algo así.
 
Lo de los ojazos lindos es indiscutible, así es cuando una... Jjajajajajajj
Podemos quejarnos u organizarnos y hacer lo que los comunistas jamás han hecho, comunismo, reparar las veredas nosotrxs mismxs, cuidar los parques, no enseñarles a los niños a orinar a la mitad de la calle, etc etc, todos tenemos el derecho de quejarnos de lo que nos de la gana, pero quizá haciendo estas cosas, empecemos a quejarnos de lo que importa, o quejarnos menos y solucionar más. No sé, algo así.



Me molesta cuando veo tu realidad y la de otros que aun teniendo derecho a quejarse son afortunados y no lo saben. Es un poema desgarrador y la solución como bien dices está en las pequeñas cosas que podemos hacer cada uno; un saludo
 
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Y luego…
Y entonces…
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.

Creo que fue Palmira la que una vez dijo que eras una periodista, una cronista y yo lo afirmo; eres una corresponsal de guerra en pleno frente de batalla...

Este final...quizá lo que escribes, su manera formal, no es lo que se pueda entender fácilmente como poesía, pero a mí al menos me es igual. Sigue haciéndolo, por favor.

Un saludo.
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el marañon
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​

Es digno de ser leído y releído para aprender a denunciar, no sólo en una dirección sino en todas las posibles. Quiero decir que quejarse es lícito, y así se muestra, pero la actitud personal es igualmente importante a la hora de pedir responsabilidades.
Curioso es también la perspectiva, hay ojos que miran y no ven, otros ojos levantan el pavimento y llegan hasta lo más profundo del fango, este es el caso que a mí me llega.
Podemos acostumbrarnos a la pobreza, al dolor, a la miseria humana, podemos acostumbrarnos a la riqueza, a la dejadez, a la desidia. Podemos acostumbrarnos a pasar por encima de las cosas y seguir pisándolas como si no fuera nuestra responsabilidad y resulta que no, que nosotros tenemos que pasar a la acción, a la denuncia porque la pasividad es otra forma de dejarse pisar y de ser tan responsable como el que ejecuta, bueno, quizás no tanto pero bastante si.
Un gran trabajo Valerie, digno de una tesis en favor de los derechos y las obligaciones humanas. Hay que hacer algo para que las cosas cambien y el primer paso es verlas con claridad, denunciarlas y arrastrar a la acción, que no caigan en el vacío como tantas de esas vidas que se acostumbran a vivir con la play entre la mayor de las miserias.

Este urbano es digno de ser posado en la cabecera de muchas mesillas.
 
Creo que fue Palmira la que una vez dijo que eras una periodista, una cronista y yo lo afirmo; eres una corresponsal de guerra en pleno frente de batalla...

Este final...quizá lo que escribes, su manera formal, no es lo que se pueda entender fácilmente como poesía, pero a mí al menos me es igual. Sigue haciéndolo, por favor.

Un saludo.

No sólo una corresponsal de guerra, yo soy la guerra, soy la que insultan, a la que le gritan obscenidades, a la que algunos quedan mirando, la que suspira cada vez que entra a un banco, de la que se burlan, la despatriada sin familia.
Lo del final, pasó como decía, yo también esperaba el cambio de las luces, y de pronto todos cruzaban, los de al frente y los de donde yo estaba, se golpeaban, corrían, jalaban a los niños, etc etc, y sólo quedamos el gringo y yo, paradxs ahí como unxs cojudxs, con la boca abierta y en shock. Me imagino que cuando el gringo volvió a su natal, habrá contado eso como una experiencia cultural, y aquí la gente seguiría diciendo algo como "ajajajaja, gringo huevón, no saben esos gringos p', se queda parado ahí, jajajaj, que huevón" .
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Última edición:
Es digno de ser leído y releído para aprender a denunciar, no sólo en una dirección sino en todas las posibles. Quiero decir que quejarse es lícito, y así se muestra, pero la actitud personal es igualmente importante a la hora de pedir responsabilidades.
Curioso es también la perspectiva, hay ojos que miran y no ven, otros ojos levantan el pavimento y llegan hasta lo más profundo del fango, este es el caso que a mí me llega.
Podemos acostumbrarnos a la pobreza, al dolor, a la miseria humana, podemos acostumbrarnos a la riqueza, a la dejadez, a la desidia. Podemos acostumbrarnos a pasar por encima de las cosas y seguir pisándolas como si no fuera nuestra responsabilidad y resulta que no, que nosotros tenemos que pasar a la acción, a la denuncia porque la pasividad es otra forma de dejarse pisar y de ser tan responsable como el que ejecuta, bueno, quizás no tanto pero bastante si.
Un gran trabajo Valerie, digno de una tesis en favor de los derechos y las obligaciones humanas. Hay que hacer algo para que las cosas cambien y el primer paso es verlas con claridad, denunciarlas y arrastrar a la acción, que no caigan en el vacío como tantas de esas vidas que se acostumbran a vivir con la play entre la mayor de las miserias.

Este urbano es digno de ser posado en la cabecera de muchas mesillas.

Las clasificaciones económicas en este lugar, llegan hasta la letra F creo, eso quiere decir que los niveles de pobreza están clasificados porque son muchos, sin embargo existen dos grupos en la masa popular, los emergentes, que son los que no tienen nada y venden comida en carretillas en todo el desorden y la improvisación de la urbe, y los emprendedores, que ya pasaron esa etapa y ahora tienen un restaurant con visión a más, estás clasificaciones sólo se dan en los barrios pobres que son el 80% de la población.
La prensa clasifica a la población según donde vive, por ejemplo, si una combi (transporte público) mata a un niño que cruzó mal la pista, la prensa dice "los pobladores de esta zona están cansados ya de estas muertes... " pero si en mi barrio por ejemplo, la municipalidad quiere derrumbar un árbol antiguo para poner un farol, la gente hace vigilias con velas multicolores alrededor del árbol, cantan canciones de Sui Generis y Lennon, y salen 7 tías fashion con carteles super bien diseñados y reclaman con argumentos imbatibles, y la prensa dice "Los vecinos de este distrito solicitan... " o sea que yo soy vecina, jajajajaja.
Como le decía, no sé como hay gente que viviendo en estas zonas populares ve una ciudad de costumbres dignas, con calles coloridas, y gente hermosa y amable, eso es mentira, no es cierto. Lima es una ciudad cosmopolita, y no lo es porque sea culturalmente dinámica, no, lo es porque es una mezcla sucia de todo, mientras en otros países conseguir cine independiente tailandes de los 80s es imposible o cuesta mucho, aquí se consigue en un centro comercial legal, que vende pirateado todo, a 4 soles, que es un euro, un dolar, los turistas invaden esos lugares, porque en otros países eso les costaría 100 euros, 100 dólares o más, o quizá no haya.
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Última edición:
Las imágenes hablan por sí mismas y tu crónica es un complemento perfecto de denuncia. Me alegra mucho contar con tu firma en este foro, has puesto el listón muy alto.

Gracias Valerie. Smuaksss
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​

Toda una postal que no puede dejar indiferente a todo aquel que lea estas letras.
Impactante.
Te felicito, Valerie, por este gran trabajo literario.
Un abrazo
 
Este poema debería estar en sociopolíticos, y en realista, y aquí en p. urbana, y en surrealista, y en góticos, y en melancólicos, y en amor... Todo eso me ha trasmitido.

Como siempre, un placer leerte.
JULIA
 
Palmira tiene mucha razón, Valerie, has puesto el listón muy alto, he leído con mucha atención (Y disfrute!) tu poema, me ha parecido muy muy muy bueno, en toda la crítica, en la manera tan personal, tan trasgresora e irreverente de explicar, tu frescura que te hace tan creíble. Tu voz es un viento fresco en el foro, así me llega a mi, hacen falta voces como la tuya, chica!! Y te digo gracias!

No! mi voz es de hilo, aunque cuando grito parece aguja, jajaajajajjaajjajaja, lo de trasgresora e irreverente, pues si, yo le añadiría degenerada, jajajajjaa, ya bueno fuera de bromas, es la true, esta ciudad es improvisada en todo, el domingo estuve de paseo con mis amigas y fuimos a un centro comercial a comprar las cosas de colegio de la hija de una de ellas, la gente seleccionando y peleándose por las mochilas para los niños, de "Los Descendientes", de "Frozen" etc y los diccionarios apilados abajo de las mochilas que la gente desordenaba, las personas prefieren cargar cosas.
El porcentaje de lectura del Perú a nivel latinoamericano es del 35% en más de 10 países evaluados.
Mientras en otros lugares se habla de pornografía clandestina, aquí hay un emporio, y no es nada clandestino, es hasta legal
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Poema o Prosa RESCATADA


Poemas, publicados como mímino un año antes del mes de valoración que en su día pasaron desapercibidos y no fueron premiados; o poemas que fueron publicados en foros que no son objeto de valoración por el jurado. Se seleccionan y otorgan por la administración entre las propuestas que hagan los ojeadores y, a falta de estos, entre las propuestas que podrán realizar moderadores, jurados, usuarios o a criterio de la propia administración.


Muchas FELICIDADES

MUNDOPOESIA.COM
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​

Intensas perspectivas que llegan a esas muestras donde las
responsabilidades se pierden. nos acostumbramos a todo
quizas la dejadez hace que se produca olvido. denunciar
es licito dentro de los margenes que nos dejan. excelente.
FELICIDADES por el reconocimiento obtenido.
es un lujo poder leer esta bella obra de espacios que
declaman y se extienden entre vocaciones de sentimientos
que son pureza de arte literario.
saludos amables de luzyabsenta
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​
En sí no es lo largo del poema, es el cuánto y hasta cuándo. Tristeza que se despeña desde la impotencia, leerte Valerie en la tremenda voz de tus letras. Una golondrina no hace verano, lo digo porque esto no acaba con las acciones de algunos, pero si muy necesaria, al menos levantar polvo...
Saludos Valerie hasta tu orilla de letras
Camelia
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​
La ciudad es ese enmarañado sin sentido que alguien puso sobre y bajo nosotros donde pasa de todo sin que nos demos siquiera cuenta ya que estamos demasiado concentrados aferrándonos a cualquier costra de cemento que nos permita seguir formando parte de ese quiste sucio mal oliente y despiadado que nos fascina (te quedo debiendo los puntos y las comas) Saludos cordiales, Valerie.
 
La solución existe. En tu relato trágico sobre lo que es la realidad Latino Americana solo veo la problemática, los comentarios solo van dirigidos a lo feo que somos, lo incultos e incapaces que podemos llegar a ser. Pero la solución es posible y esta en nuestras manos, como ya antes dijiste debemos aprender y luego enseñar, ademas nos toca conquistar puestos en el poder publico, donde podamos actuar como lideres de un cambio profundo, en otras palabras, CONVERTIRNOS EN ACTORES POLÍTICOS DE CAMBIO.
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​
Excelente. Se puede sentir el dolor. He estado en Lima hace unos cuántos años, también en Chile hace otros tantos, vivo en Argentina y soy Española. Crecí en otra cultura, con otros criterios y medidas. Me enseñaron a no tirar papeles en la calle. Toda mi vida esto fue una cuestión de respeto que llenaba mis bolsillos de papeles. Hoy sigo llevando papeles en los bolsillos aunque vivo en Argentina y las calles están llenas de papeles, bolsas, latas... Es sólo un ejemplo tonto.
A veces no se ven las cosas porque la costumbre las hace parte de nosotros y, a su vez, nos hace complices para mantenerlas.
Al final nos hacemos fotos en el "otro Lima" por que nos resulta curioso y extraño, pero no dejamos de tirar papeles.
La historia está repleta de ejemplos de que los sistemas se mantienen por los que se benefician de ellos. La ignorancia es el primer aliado de los que los sostienen.
Perdón la perorata pero tu poema lleva a la reflexión inevitablemente.
Un saludo
Luz
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​
Sencillamente fascinante. FELIZ SEMANA.
 
“El embotellamiento de vehículos en el centro y las avenida,
la ruda competencia de buhoneros y mendigos,
las fatigadas colas ante los incapaces medios de transporte,
la crisis del alojamiento, los aniegos debido a las tuberías que estallan,
el imperfecto tejido telefónico que ejerce la neurosis,
todo es obra de la improvisación y la malicia”

Sebastian Salazar Bondy (Lima la horrible)​


Crecí en una de las zonas más odiadas de Lima,
era odiada porque no habían basurales en las esquinas,
perros callejeros, graffittis de las barras bravas,
vendedores ambulantes de tamales y aceituna,
los parques eran un lujo, y aun así nadie se sentaba en ellos,
las calles eran limpias, los vecinos no hacían polladas,
ni había combis y transporte público,
eran calles sin veredas, pero sólo porque ahí
nadie caminaba.
Luego una noche mi padre me rompió la nariz
y luego…
Y entonces…
Y así…
Y bueno.
Esa noche un pendejo con otro pendejo se pasaron de pendejos…
Ese año trabajé en una gasolinera,
y vendiendo té de puerta en puerta,
viví en un cuarto en el centro de Lima
donde vivían las travas
que trabajaban en la noche
en Uruguay y el parque Universitario.
Y entendí porque donde crecí,
era un lugar tan odiado.
Luego vino la voz del diablo
y dijo que tenía edad para disponer de mi seguro universitario.
Y luego…
Y entonces…
Y así llegó la edad del concreto.

II
Después de infinitos calendarios horizontales,
Volví.
Tenía el cabello rapado, zapatillas cosidas,
y una bolsa negra, igual que la noche que mi…
Ese día volví al lugar tan odiado donde crecí,
me quité las zapatillas cosidas y mohosas
y las dejé frente a la casa,
luego caminé descalza,
una vez más.

III
Desde mi ventana puedo ver el mar,
bueno, no el mar, el infinito vacío
que nos hace preguntarnos
¿Ese es el mar?
Ahora tengo amigas en San Martín,
Los Olivos y San Juan de Lurigancho.
Y puedo decir, que por fin he visto esta ciudad.
Que he visto los cerros de comas atestados de tierra,
basura y gente pobre que tiene Play Station.
Que he visto los cadáveres de perros muertos
aventados a los basurales de los paraderos de las combis.
Que he visto a los niños cagar
detrás de las lechugas que venden sus padres en el piso
en el mercado de Hierbateros.
Que he visto las peluquerías de Abancay
que ofrecen corte de cabello con happy ending.
Que he visto las cuevas del callao y el Chillón
donde duermen los desahuciados adictos al pai.
Que he visto a las niñas trans
ser penetradas atrás de la iglesia de Quilca.
Que he visto a los “bohemios contraculturales”
escuchar a Silvio tomando un café 22 soles.
Que he visto las bocas de algodón
en el último sótano donde no llega la municipalidad.
Que he visto a los ciegos indigentes
cantando cumbia en el mercado central,
donde hay tipos que cargan más de 50 kilos en la espalda,
suciedad por todas partes,
y toda la piratería más inimaginable que puedas imaginar.
Que he visto una ciudad donde la gente cruza la pista
como puede, cuando puede, y como quiere.
Una ciudad maloliente, sin sombra, gris,
dedicada a la mediocridad.
Una ciudad donde es necesario esconder el teléfono
dentro de la ropa interior.
Una ciudad donde los policías compran piratería.
Una ciudad donde le enseñan a los niños
a orinar en los arbolitos.
Una ciudad cuyo tráfico sigue siendo un reto para la aspirina.
Una ciudad donde la gente sube al metro con pollos
y bolsas llenas de cebolla.
Una ciudad donde los niños pobres
le venden rosas a los enamorados pobres
que inundan los barrios ricos,
pero sólo porque es la gente pobre,
la que se toma fotos en los barrios ricos.

IV
Hace tiempo fui al mercado central,
y vi un gringo esperando el cambio de las luces para cruzar,
y luego su rostro se fue desfigurando,
al observar como todos cruzaban,
como podían,
cuando querían,
y como querían.
Y el gringo ahí parado,
era el único cojudo.​
Excelente poema con una mezcla inusual de poesía urbana, gótica, surrealista y realista.
Un abrazo.
 

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