Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Todo destino está hecho de manos invisibles, amasado entre brumas y sortilegios de un tiempo indefinido. Solo si buscara un cometa melancólico y tan seductor e inalcanzable como sus ojos, solo si volviera a ser un niño y lograra hacer de su mirada un lago de estrellas en el que bañarme, me atrevería a renacer cerca de su aliento.
Suena el timbre del recreo, siempre observando en el patio las manos misteriosas de la nieve. Como otras niñas, también se acerca al río para contar las hojas que arrastra la corriente. Desde el puente observo el vaivén de su pelo marcando la dirección del viento, el frío corta mi respiración y enrojece sus mejillas.
Juntos, en una infancia inmensa entre tizas y pupitres, derramando una larga trenza de pelo en el aula. Aquellas pinturas de madera en sus manos sembrando de alegría páginas en blanco. La voz de sus ojos conduciendo mi silencio hacia otros mundos. Siempre tan callada en sus labores.
Estoy oyendo su voz en el horizonte. Siento esa verdad y la luz de la nieve del patio en su mirada. Es decir, de la lluvia en los ojos de una niña que va enamorando mi corazón. Me acercaré y en sus manos acariciaré las rosas, en su frente la primavera. Seré su amigo del alma. Le hablaré de un camino lleno de enredaderas entre las encinas, cuando quiera acompañarme hasta la fuente. Deseo que ponga sus labios sobre el caño para que beba las gotas de rocío que nacen como flores del manantial. Un mirlo del color de su cabello, vuela y se aleja, la fuente aún sigue manando en total soledad. Todo se abre en el aire, como su mirada abrazándose a la mía. Me acerco y al mirarla me rodea la niebla. Ha creado en mis ojos los surcos del amor, los surcos blancos donde anidan las palomas. Un día no muy lejano nuestros labios ahora iluminados por el miedo, se besarán. Luego volveré a buscarla todos los amaneceres de mi vida para estrecharla contra mi pecho y beber de ella los labios rojos de todas las amapolas.
Suena de nuevo el timbre del recreo, las yemas de mis dedos no olvidan el momento. Regreso al aula. Busco un cabello de su pelo como un trébol de cuatro hojas en ese pupitre habitado por la niña de mis ojos, manchado por nubes de colores, detenidas para siempre sobre un cielo de madera. Será eterna, como el significado de esas primeras palabras escritas con navaja en su pupitre de la escuela, donde las tizas no eran suficientes para escribir. No era posible grabar, te amo, sin el acero, en aquella otra realidad.
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