scarlata
Poeta veterano en el portal.
Tuve ganas de gritar y no estabas allí,
ni mi boca retuvo el aliento necesario
para empujar las sílabas.
Animé al tiempo a plantar árboles,
quise que sus raíces descubrieran la ciudad
pero sólo obtuve el vómito de las aceras.
Y ese sabor ácido
que mancha la piel, como los relojes.
Tuve ganas de gritar
y me quedé callada.
Esperando la agonía,
detenida sobre un viernes sin rumbo.
Tan ajena a los sonidos,
tan alejada de mí,
que mi voz se acalló.
Y sigo silenciando el vacío de las paredes
porque detrás del grito de la muerte
aún vivo.
En la sangre azul,
en el tiempo que se encoge como una vereda.
Y es tan fácil entenderme
que mi naufragio acontece los martes.
El resto de los días enmudezco mi voz.
No le hablo a las cajas vacías,
ni a la muerte cuando escupe sonidos.
Amo tanto la libertad que callo.
ni mi boca retuvo el aliento necesario
para empujar las sílabas.
Animé al tiempo a plantar árboles,
quise que sus raíces descubrieran la ciudad
pero sólo obtuve el vómito de las aceras.
Y ese sabor ácido
que mancha la piel, como los relojes.
Tuve ganas de gritar
y me quedé callada.
Esperando la agonía,
detenida sobre un viernes sin rumbo.
Tan ajena a los sonidos,
tan alejada de mí,
que mi voz se acalló.
Y sigo silenciando el vacío de las paredes
porque detrás del grito de la muerte
aún vivo.
En la sangre azul,
en el tiempo que se encoge como una vereda.
Y es tan fácil entenderme
que mi naufragio acontece los martes.
El resto de los días enmudezco mi voz.
No le hablo a las cajas vacías,
ni a la muerte cuando escupe sonidos.
Amo tanto la libertad que callo.
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