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Décimas a un pastor

Rafael Llamas Jimenez

Poeta veterano en el portal
1899226764385971.jpg

Décimas a un pastor


Con este verso primero
quiero comenzar la historia,
que no olvida mi memoria
de un paseo dominguero.
¡Ya se dispone el tintero!
Tres de la tarde, verano,
el trigo tuesta su grano,
sediento por el camino
sin agua fresca ni vino,
alguien me tendió la mano.


Dale un trago caminante
sin apuro ni presura,
no cometa la locura
de seguir hacia adelante,
sin beber no hay quien aguante.
Era un humilde pastor
que desprendía el olor
a campechano y sencillo
con su zurrón y su hatillo,
pastoreando calor.


Beba toda la que quiera
sin apuro ni reparo,
mana de venero claro
y no le falta solera.
¡Me alegra que usted viniera!
Cortó su faca un mendrugo
de buen jamón de jabugo,
pan de cantos bien crujiente
para darle gusto al diente,
en la sombra junto al yugo.


El me hablaba del rebaño,
yo le hablé de poesía,
y de como no entendía
que aquel oficio de antaño
ahora parezca extraño.
Le prometí agradecer
su buen y preciado hacer,
publicando este poema
que decía era un dilema,
pues no sabía leer.


El canto de la chicharra
alegraba el aposento
de aquel campero momento
que ahora mi pluma narra,
cual resaca de una farra.
¡Vaya usted con Dios, poeta!
y no me camine a dieta,
que el cuerpo no es de retama
y queda como mojama
en cuanto el lorenzo aprieta.


Rafael Llamas Jiménez​
 

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Décimas a un pastor


Con este verso primero
quiero comenzar la historia,
que no olvida mi memoria
de un paseo dominguero.
¡Ya se dispone el tintero!
Tres de la tarde, verano,
el trigo tuesta su grano,
sediento por el camino
sin agua fresca ni vino,
alguien me tendió la mano.


Dale un trago caminante
sin apuro ni presura,
no cometa la locura
de seguir hacia adelante,
sin beber no hay quien aguante.
Era un humilde pastor
que desprendía el olor
a campechano y sencillo
con su zurrón y su hatillo,
pastoreando calor.


Beba toda la que quiera
sin apuro ni reparo,
mana de venero claro
y no le falta solera.
¡Me alegra que usted viniera!
Cortó su faca un mendrugo
de buen jamón de jabugo,
pan de cantos bien crujiente
para darle gusto al diente,
en la sombra junto al yugo.


El me hablaba del rebaño,
yo le hablé de poesía,
y de como no entendía
que aquel oficio de antaño
ahora parezca extraño.
Le prometí agradecer
su buen y preciado hacer,
publicando este poema
que decía era un dilema,
porque no sabía leer.


El canto de la chicharra
alegraba el aposento
de aquel campero momento
que ahora mi pluma narra,
cual resaca de una farra.
¡Vaya usted con Dios, poeta!
y no me camine a dieta,
que el cuerpo no es de retama
y queda como mojama
en cuanto el lorenzo aprieta.


Rafael Llamas Jiménez​
Excelentes décimas estas que dedicas a ese encuentro con el pastor que te socorrió en tu sed, a lo mejor él también tenía sed de poesía y tu se la saciaste.
Recibe mi saludo muy cordial.
 
¡Qué buena historia y qué bien narrada en impecables décimas, Rafael! Alguna anécdota parecida tengo yo en mi haber hace algunos años atrás. Lástima que por esas fechas no compusiese décimas para dejar constancia de ello en mi recuerdo. Bueno, en mí recuerdo sí que permanece aquel hombre sencillo pero lleno de sabiduría.

Excelente trabajo poético, amigo.


Décimas a un pastor


Con este verso primero
quiero comenzar la historia,
que no olvida mi memoria
de un paseo dominguero.
¡Ya se dispone el tintero!
Tres de la tarde, verano,
el trigo tuesta su grano,
sediento por el camino
sin agua fresca ni vino,
alguien me tendió la mano.


Dale un trago caminante
sin apuro ni presura,
no cometa la locura
de seguir hacia adelante,
sin beber no hay quien aguante.
Era un humilde pastor
que desprendía el olor
a campechano y sencillo
con su zurrón y su hatillo,
pastoreando calor.


Beba toda la que quiera
sin apuro ni reparo,
mana de venero claro
y no le falta solera.
¡Me alegra que usted viniera!
Cortó su faca un mendrugo
de buen jamón de jabugo,
pan de cantos bien crujiente
para darle gusto al diente,
en la sombra junto al yugo.


El me hablaba del rebaño,
yo le hablé de poesía,
y de como no entendía
que aquel oficio de antaño
ahora parezca extraño.
Le prometí agradecer
su buen y preciado hacer,
publicando este poema
que decía era un dilema,
porque no sabía leer.


El canto de la chicharra
alegraba el aposento
de aquel campero momento
que ahora mi pluma narra,
cual resaca de una farra.
¡Vaya usted con Dios, poeta!
y no me camine a dieta,
que el cuerpo no es de retama
y queda como mojama
en cuanto el lorenzo aprieta.


Rafael Llamas Jiménez​
 
Excelentes décimas estas que dedicas a ese encuentro con el pastor que te socorrió en tu sed, a lo mejor él también tenía sed de poesía y tu se la saciaste.
Recibe mi saludo muy cordial.
Muchas gracias, Lesmo, por tu lectura y por tus palabras. He vuelto a coincidir con este pastor en varias ocasiones y le he leído algunos poemas desde mi móvil. Siempre me felicita porque dice que le gusta mucho mi manera de contar las cosas.

Me alegra mucho que te haya gustado. Muy agradecido por todo.

Un abrazo
 

Décimas a un pastor


Con este verso primero
quiero comenzar la historia,
que no olvida mi memoria
de un paseo dominguero.
¡Ya se dispone el tintero!
Tres de la tarde, verano,
el trigo tuesta su grano,
sediento por el camino
sin agua fresca ni vino,
alguien me tendió la mano.


Dale un trago caminante
sin apuro ni presura,
no cometa la locura
de seguir hacia adelante,
sin beber no hay quien aguante.
Era un humilde pastor
que desprendía el olor
a campechano y sencillo
con su zurrón y su hatillo,
pastoreando calor.


Beba toda la que quiera
sin apuro ni reparo,
mana de venero claro
y no le falta solera.
¡Me alegra que usted viniera!
Cortó su faca un mendrugo
de buen jamón de jabugo,
pan de cantos bien crujiente
para darle gusto al diente,
en la sombra junto al yugo.


El me hablaba del rebaño,
yo le hablé de poesía,
y de como no entendía
que aquel oficio de antaño
ahora parezca extraño.
Le prometí agradecer
su buen y preciado hacer,
publicando este poema
que decía era un dilema,
porque no sabía leer.


El canto de la chicharra
alegraba el aposento
de aquel campero momento
que ahora mi pluma narra,
cual resaca de una farra.
¡Vaya usted con Dios, poeta!
y no me camine a dieta,
que el cuerpo no es de retama
y queda como mojama
en cuanto el lorenzo aprieta.


Rafael Llamas Jiménez​
No se espera menos de ti, amigo Rafael. Un bonito y pastoril paseo que engalanas con estupendas décimas.
Saludos, amigo
 
¡Qué buena historia y qué bien narrada en impecables décimas, Rafael! Alguna anécdota parecida tengo yo en mi haber hace algunos años atrás. Lástima que por esas fechas no compusiese décimas para dejar constancia de ello en mi recuerdo. Bueno, en mí recuerdo sí que permanece aquel hombre sencillo pero lleno de sabiduría.

Excelente trabajo poético, amigo.
Muchas gracias, Juan, por tu lectura y por tus palabras. Me alegra mucho que te haya gustado. Después he vuelto a coincidir en varias ocasiones con este pastor, y hemos entablado una amistad. Le prometí escribirle un poema y aunque he tardado, ya tiene estas décimas.

Muy agradecido, amigo.

Un abrazo
 

Décimas a un pastor


Con este verso primero
quiero comenzar la historia,
que no olvida mi memoria
de un paseo dominguero.
¡Ya se dispone el tintero!
Tres de la tarde, verano,
el trigo tuesta su grano,
sediento por el camino
sin agua fresca ni vino,
alguien me tendió la mano.


Dale un trago caminante
sin apuro ni presura,
no cometa la locura
de seguir hacia adelante,
sin beber no hay quien aguante.
Era un humilde pastor
que desprendía el olor
a campechano y sencillo
con su zurrón y su hatillo,
pastoreando calor.


Beba toda la que quiera
sin apuro ni reparo,
mana de venero claro
y no le falta solera.
¡Me alegra que usted viniera!
Cortó su faca un mendrugo
de buen jamón de jabugo,
pan de cantos bien crujiente
para darle gusto al diente,
en la sombra junto al yugo.


El me hablaba del rebaño,
yo le hablé de poesía,
y de como no entendía
que aquel oficio de antaño
ahora parezca extraño.
Le prometí agradecer
su buen y preciado hacer,
publicando este poema
que decía era un dilema,
pues no sabía leer.


El canto de la chicharra
alegraba el aposento
de aquel campero momento
que ahora mi pluma narra,
cual resaca de una farra.
¡Vaya usted con Dios, poeta!
y no me camine a dieta,
que el cuerpo no es de retama
y queda como mojama
en cuanto el lorenzo aprieta.


Rafael Llamas Jiménez​
¡Que arte tiene Rafaél! es un verdadero placer leerte, esos andares tuyos, tus encuentros con el pastor , ese intercambio de voces en el camino. Aun que hoy en día puedes encontrarte la sorpresa de un joven pastor que lo mismo ha sido universitario y las circunstancias de la vida o su propia elección le han llevado a ese lugar a pastorear por un sueldo ...Podemos llevarnos muchas sorpresas en nuestro camino; como la mía en cada uno de tus trabajos. Felicidades.
Un abrazo
 
¡Que arte tiene Rafaél! es un verdadero placer leerte, esos andares tuyos, tus encuentros con el pastor , ese intercambio de voces en el camino. Aun que hoy en día puedes encontrarte la sorpresa de un joven pastor que lo mismo ha sido universitario y las circunstancias de la vida o su propia elección le han llevado a ese lugar a pastorear por un sueldo ...Podemos llevarnos muchas sorpresas en nuestro camino; como la mía en cada uno de tus trabajos. Felicidades.
Un abrazo
Muchas gracias, Isabel, por tu lectura y por tus palabras. Es cierto, hoy te puedes encontrar a un pastor con una carrera universitaria pero la verdad es que este oficio es muy duro y tiende a desaparecer. Me alegra mucho que te hayan gustado estos versos. Muy agradecido siempre por todo.

Un abrazo
 

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