Luciente amanecía la alborada,
callado despertaba el sol de estío
y allí estaba ¡dios mío!
tan bella, tan soñada
danzando con el mar, feliz, a solas
tan fragil, liberando su figura
al viento con finura
al compás de las olas.
Danzaba con soltura, con los brazos
abiertos como pétalos de flor
danzándole al amor
con su tallo descalzo
sobre médanos de oro
que desnudaba el mar
donde dejaba huellas sin parar
hasta que el sol, mostrando su tesoro...
naranja se acostaba con las olas.
Y ella siguió danzando con finura,
destellando hermosura
feliz... danzando a solas.
Luis